lunes, 7 de octubre de 2013

Origen de la costumbre sureña de comer gato.

Los Gatos son Manjar de Esclavos


Rodolfo Hinostroza

Cuando yo tenía la página gastronómica de un diario local, uno de mis colegas, el fotógrafo Carlos “Chino” Dominguez, me invitó a comer cabrito de techo, que es el gracioso y repulsivo nombre que los criollos viejos le dan al gato doméstico. “Tú que eres gastrónomo” me dijo “seguro que te va a gustar”. Lo que no sabía el Chino es que yo me había criado entre gatos, por así decirlo, y desde muy niño había aprendido a quererlos y a admirarlos tal como otras personas aman a los perros, o a los caballos. Me podía quedar durante horas admirando sus gráciles movimientos, sus saltos elegantes, sus divertidos juegos. Cuando yo vivía en París me afilié a la única institución que pertenecí en mi vida, la “Sociedad de Defensa de los Gatos Libres”, cuyos miembros nos comprometíamos bajo palabra de honor a proteger a los gatos callejeros que encontráramos por ahí, y darles comida y techo. Y justamente enfrente de mi casa había un terreno baldío donde paraba un gatito atigrado que aparecía y desaparecía, pero solía dormir acurrucado en un viejo portal, de modo que me dediqué a protegerlo: le construí una casita con una caja de cartón forrada con trapos viejos, para el frío, y le dejaba latitas de comida para gatos que él se despachaba en un par de días, feliz de la vida. Unos años más tarde llegué a tener 17 gatos, que fue mi récord absoluto en cuestión felinos, muy lejos desde luego que mis amigos mexicanos Carlos Monsivais, que confesaba un centenar de gatos, y la viuda de Octavio Paz, Marie-Jo, que ya va por los 120…
“Y con qué cara voy a mirar a mi gato cuando regrese a casa? “ le repuse al Chino, quien, felizmente, nunca más me volvió a invitar a semejante atrocidad. Después me enteré de que fueron los esclavos negros los que introdujeron esa abominable costumbre en el Perú, y no porque en el África se comiese gato, sino porque los esclavos no tenían acceso a ningún otro tipo de carne. Según las leyes coloniales, los españoles y sus descendientes se alimentaban solo de la carnecita de bueyes, cerdos y corderos, y dejaban las vísceras para el pueblo: esclavos negros, blancos pobres y toda suerte de mestizos. Es por eso que los negros se volvieron virtuosos en la preparación de mondongos y menudencias: anticuchos, choncholí, pancita, cau-cau, y la morena anticuchera se convirtió en una institución que hasta ahora reina en las esquinas de algunos barrios. Y para salir de la monotonía de tal dieta, cazaban gatos techeros y se los comían en ocasiones especiales, y debemos creer que lo encontraban delicioso.

Es un caso parecido –salvando las distancias– a las vicisitudes de las guerras, en que los hambrientos combatientes se alimentan de ratas y de todo tipo de alimañas, y las encuentran igualmente deliciosas… Pero una cosa es la guerra y otra la paz, una cosa es la esclavitud y otra la libertad. Y en períodos de paz nadie sueña con comerse una gorda rata repugnante, aunque sea sazonada con las más ricas salsas, y su sola mención provoca el asco. Pero lamentablemente la costumbre de comer gato perduró, especialmente en el Sur Chico, donde históricamente se concentraron los esclavos negros, bajo pretexto de celebrar a Santa Efigenia, la única santa negra del panteón cristiano, y una vez que don Ramón Castilla decretó su libertad, los afroperuanos lo celebraron con banquetes de carne de gato, hasta el día de hoy. Horrible, ¿no?

¿Y por qué eso nos inspira tanta repugnancia? Pues simplemente porque el gato es un animal doméstico, un compañero que el hombre ha elegido desde hace muchos milenios, juntamente con el perro y el caballo, para que lo acompañe en la aventura humana y no para que le sirva de alimento. Es repugnantemente desleal que aquellos fieles camaradas de días felices y desgraciados, que esperan de nosotros la salud y la vida, sean sacrificados y devorados por sus propios amos. En el Egipto de los Faraones los gatos eran considerados animales sagrados, porque se creía que eran capaces de percibir y ver el alma de la gente, cosa que los humanos somos incapaces de hacer, y es por ello que solían acompañar a sus amos a la tumba, junto con sus servidores como se comprueba en las antiguas sepulturas. Y es más, el hecho de matar intencionalmente a un gato era castigado con ¡la pena de muerte! ¡Que tiemblen los cañetanos!

Y es paradójico que en plena Revolución Gastronómica Peruana, que ha llevado a nuestra cocina a los primeros rangos de la gastronomía mundial, justo después del festival “Mistura” del que nos enorgullecemos todos los peruanos, venga el abominable “Curruñao”, en el que se engorda durante meses a los gatitos hasta que adquieren volumen y peso, y entonces sus propios amos los sacrifican alevosamente, para comérselos como verdaderos salvajes. Guardando todas las distancias del caso, esto me hace recordar unas páginas del cronista Cieza de León, que cuenta cómo es que los caníbales americanos criaban y engordaban a los niños, fingiendo amarlos y protegerlos, hasta que una vez cumplidos los 12 años eran muertos, descuartizados y engullidos por aquellos antropófagos, provocando el asco y el horror de los conquistadores. Es el mismo asco y horror que nos provoca a los seres civilizados ese festival de la Quebrada San Luis de Cañete, en que esos preciosos animales domésticos son devorados por los desaprensivos pueblerinos, en homenaje a los esclavos negros que trajeron esa vergonzosa costumbre al Perú, provocando el repudio de la mayor parte de su población que se precia de su estupenda gastronomía.

¿Y dónde está la Sociedad Protectora de Animales

Fuente: Revista Caretas n° 2302. 26 de septiembre del 2013.

viernes, 30 de agosto de 2013

La sociedad democrática nacional y el imperio digital global.

El riesgo para la libertad

Cuando el Estado democrático, con la colaboración de las grandes corporaciones digitales, espía de forma global para optimizar su seguridad ante cualquier amenaza, ¿quién defenderá los derechos individuales?


Ulrich Beck. Profesor en la London School of Economics y en la Universidad de Harvard.
El escándalo de la red de escuchas Prisma ha abierto un nuevo capítulo en la sociedad del riesgo mundial. En los decenios pasados hemos conocido una serie de riesgos globales: el cambio climático, el riesgo nuclear, el financiero, el terrorismo... y ahora el riesgo digital global que amenaza a la libertad. Todos estos riesgos (con excepción del terrorismo) en cierto modo forman parte del desarrollo tecnológico, pero también cristalizaban temores que se habían expresado durante la fase de modernización de estas nuevas tecnologías. Sin embargo, ahora se produce un acontecimiento en el que un riesgo se constituye de golpe en un problema mundial, como ocurre en la amenaza para la libertad que han puesto en evidencia las revelaciones de Edward Snowden. Estamos ante una lógica del riesgo completamente distinta.
En el caso del riesgo nuclear, los accidentes de Chernóbil y de Fukushima han suscitado un debate público. En el caso del riesgo para la libertad, por el contrario, lo decisivo no fue el caso catastrófico, puesto que aquí la catástrofe sería la hegemonía del control impuesta en el nivel global, es decir: en realidad, la desaparición del riesgo tal como lo entiende la hegemonía informativa impuesta. Dicho de otro modo: la catástrofe habría ocurrido, pero nadie se habría dado cuenta. Eso supone una completa inversión de la situación, que puede verse de otro modo: al principio, todos los riesgos globales compartían varias características. Todos revelaban en las experiencias cotidianas la interdependencia global. Todos son, en un sentido especial, globales, esto es: no se basan en accidentes espacial, temporal y socialmente delimitados, sino en catástrofes que carecen de límites en cualquiera de estas dimensiones. Y todos son efectos colaterales de los éxitos de la modernización, que, a su vez, ponen retrospectivamente en cuestión las instituciones de modernización existentes. En el caso del riesgo para la libertad, lo que se pone en tela de juicio son las posibilidades de control de los propios Estados nacionales democráticos; en los demás casos, los cálculos de probabilidad, la protección de las compañías de seguros, etcétera.
También tenemos que vérnoslas con una inflación de las catástrofes que se ciernen sobre nosotros, en la que cada nueva catástrofe amenaza con degradar a la siguiente: el riesgo financiero eclipsa el riesgo climático. El riesgo del terrorismo eclipsa los riesgos digitales para la libertad. Esto último es, por lo demás, uno de los obstáculos centrales que impiden reconocer públicamente y convertir en objeto de acción pública ese riesgo para la libertad.
La generación de Facebook sacrifica parte de su libertad individual y de su esfera privada
Es verdad que ese reconocimiento se está produciendo ahora, pero aún es muy frágil. Si se busca un actor poderoso que tenga auténtico interés en que se tome conciencia pública de ese riesgo y, por consiguiente, mueva a adoptar acciones políticas, lo primero que nos viene a la cabeza es el Estado democrático. Pero eso sería poner el lobo a guardar las ovejas. Es precisamente el Estado, en cooperación con las grandes corporaciones digitales, el que ha levantado ese poder hegemónico para optimizar su interés esencial, que es la seguridad nacional e internacional. Pero esto podría suponer un paso histórico que nos apartara del pluralismo de los Estados nacionales en dirección a un Estado digital mundial libre de cualquier control.
El segundo actor que podría movilizarse es el propio ciudadano. Al fin y al cabo, los usuarios de los nuevos medios de comunicación digital se han convertido en una especie de cyborgs. Utilizan esos medios como órganos sensoriales, forman parte de su forma de actuar en el mundo. La generación de Facebook vive en esos medios y sacrifica al hacerlo gran parte de su libertad individual y de su esfera privada.
¿Qué instancias de control quedarían? En Alemania, por ejemplo, la Constitución. Su artículo 10 consagra la inviolabilidad del correo y las telecomunicaciones en una frase que se lee como si procediera de un mundo perdido. En Europa tenemos órganos de control ejemplares, toda una serie de instituciones que intentan imponer los derechos fundamentales contra estos poderes superiores, entre las que se cuentan el Tribunal Europeo de Justicia, las agencias de protección de los datos personales o los Parlamentos. Pero todas estas instituciones, y esa es la paradoja, fracasan precisamente cuando funcionan. Porque los medios que tienen a su disposición están limitados a los Estados nacionales, mientras que aquí nos enfrentamos a procesos globales. Lo mismo puede aplicarse a los demás riesgos globales; las respuestas nacionales y los instrumentos institucionales de los que disponemos no son acordes a los riesgos de la sociedad del riesgo mundial.
Suena muy pesimista. Pese a ello, hay que ir un paso más allá y plantearse si nosotros, como científicos sociales, hombres corrientes y usuarios de estos instrumentos de información digital, ya nos hemos dotado de conceptos adecuados para describir cuán profunda y fundamentalmente se han transformado la sociedad y la política. Creo que carecemos aún de categorías, mapas y brújula para este Nuevo Mundo.
Hoy se conocen todas las preferencias y debilidades: todos nos volvemos de cristal, transparentes
Pongamos un ejemplo, para ilustrar el riesgo que amenaza a la libertad. Hablamos sin cesar de que está surgiendo un nuevo imperio digital. Pero ninguno de los imperios históricos que conocemos tiene los rasgos que caracterizan al actual imperio digital. Este imperio se basa en señas de identidad de la modernidad que no hemos pensado a fondo. No se basa en el poder militar, ni posee la capacidad para una integración político-cultural a distancia. Pero sí dispone de posibilidades de control de una amplitud y profundidad capaz de evidenciar todas las preferencias y debilidades individuales: todos nos volvemos de cristal, transparentes. Y a esto se añade además una ambivalencia esencial: disponemos de inmensas posibilidades de control, pero al mismo tiempo estos controles digitales son de una vulnerabilidad inimaginable. Ningún poder militar ni revolución amenazan al imperio del control, sino un único y valeroso individuo: Snowden, un treintañero experto en seguridad, es capaz de hacer que se tambalee, y además lo logra volviendo al propio sistema de información contra sí mismo. Es decir, en este sistema aparentemente hiperperfecto de control, existe una posibilidad de resistencia del individuo que jamás hubo en ningún otro imperio. El ciudadano corriente dispone, en contraste con Snowden, de un conocimiento mucho más limitado de la estructura y el poder de ese supuesto imperio. Pero eso no se aplica a la generación joven, que como un Cristóbal Colón irrumpe en ese Nuevo Mundo y hace de las redes sociales una prolongación de su propio cuerpo comunicativo.
Y aquí se evidencia una consecuencia esencial. El riesgo de una vulneración de los derechos a la libertad se valora de forma diferente a la vulneración de derechos relativos a la salud, como la que se deriva del cambio climático. La vulneración de la libertad no duele, no se nota, no se experimenta como una enfermedad, una inundación o una carencia de oportunidades laborales. La libertad muere sin que las personas sean heridas físicamente. En todos los sistemas políticos, la promesa de seguridad constituye el verdadero meollo del poder del Estado y de la legitimación del Estado, mientras que la libertad siempre es o parece ser un valor de segundo rango.
¿Qué se puede hacer? Yo propongo que formulemos algo así como un humanismo digital. Debemos convertir el derecho fundamental a la protección de los datos y a la libertad digital en un derecho humano global e intentar hacer valer este derecho al igual que el resto de los derechos humanos, en contra de las resistencias. De lo que se carece es de una instancia internacional capaz de imponer estas reivindicaciones. En ese aspecto, el riesgo para la libertad no se distingue del riesgo que supone el cambio climático. No hay ningún actor en el plano internacional capaz de afrontarlos. Pero la inquietud es internacional; el riesgo global tiene una capacidad de movilización enorme. Se trataría de aunar y encauzar políticamente esa inquietud que en grados diversos corre a través de los movimientos sociales y partidos políticos de distintos países. Precisamos una invención transnacional de la política y la democracia que posibilite revivir y hacer valer los derechos democráticos fundamentales en contra del dominio de esos monopolios del control completamente emancipados.
Traducción de Jesús Alborés Rey.
Fuente: Diario El País. 30 de agosto del 2013. 

miércoles, 7 de agosto de 2013

Historia del viraje en la perspectiva de la infancia y niñez.

Niños trabajadores, menores de 10 años. Port Royal, Carolina del Sur. 1912

El peso de la mirada adulta

Por: Alba Flesler

De uno u otro modo, al escribir o hablar sobre el niño como objeto de deseo confesamos en acto el sitio de valor que el niño tiene para nuestro decir. Parece evidente, y sin embargo no va de suyo que así sea. De hecho, no siempre fue así.

En los tiempos del Antiguo Régimen, según sostiene Philip Ariés, la sociedad no podía representarse bien al niño, y la duración de la infancia sólo se reducía al período de mayor fragilidad, cuando la cría del hombre no podía valerse por sí misma. De modo que, en cuanto podía desenvolverse físicamente, se le mezclaba rápidamente con los adultos.
Con ellos compartía trabajos y juegos, haciendo que el aprendizaje, lejos de serle especial, se sostuviera durante siglos en la convivencia del niño con los adultos, y se sustentara en el contacto directo con ellos.
Nos causa sorpresa pensar que apenas unos siglos atrás, el niño de pocos años era considerado una cosita graciosa, que divertía a la gente como “un animalito”, pero, también saber que, si para el caso y como era frecuente, el pequeño moría, no se daba mucha importancia al asunto. Era reemplazado por otro niño. Y ese suceso lejos estaba de despertar la pregunta por la responsabilidad del adulto, la conciencia o la voluntad de otorgar más cuidado al niño y acaso valorar su vida. Los niños morían ahogados en la práctica habitual del colecho con sus padres sin llegar a ser bautizados, dándonos pruebas del lugar desdibujado que tenía el niño por entonces y la frecuencia de su anonimato.
Desde aquel momento a nuestros días, la escolaridad cifró, sin duda, un verdadero viraje en la perspectiva de la infancia, pero la auténtica revolución se produjo en los albores del siglo XX, cuando Sigmund Freud le dio la palabra al niño.
Le dio la palabra al niño, también le dio el saber a la infancia respecto de la etiología de las neurosis y sus destinos pero abriendo un terreno de inciertas consecuencias a futuro.
Desde entonces, en el breve período transcurrido, vimos al niño entrar en la mira de múltiples disciplinas, ampliándose el interés y el deseo por el niño.
Sin embargo, tomado como objeto, el niño no siempre es objeto de deseo. Dicho con toda la rigurosidad lógica, y atenta a la complejidad de lo que afirmo, diría que un niño sólo es objeto de deseo cuando él, el niño, hace falta. Por eso prefiero distinguir cuándo un niño es colocado predominantemente como objeto de goce, aun con las mejores intenciones, cuándo es sostenido como objeto del deseo enraizado en la falta y cuándo es considerado un objeto de amor abrevado en el narcisismo de sus padres o cuidadores.
En otras palabras, amor, deseo y goce pueden enlazarse benéficamente dando por resultado un espacio abierto para la subjetividad del niño o pueden estrechar sus miras desenlazando sus razones y cercenando la oportunidad de que un niño, sólo tomado como objeto, del deseo, del amor, o del goce, llegue a alcanzar luego y a su vez, una posición de sujeto capaz de amar, de desear y de gozar de las chances que le brinda la vida.
Estos tiempos nos encuentran también debatiendo los derechos del niño para afinar sus beneficios, pero abren una deuda: ocuparnos de nuestro deseo respecto del niño. Pues en la pregunta por la responsabilidad del adulto, y la ardua tarea de delimitar su alcance, se proyecta no sólo el futuro de los niños como objeto de deseo del adulto, también la respuesta que anhelamos que ellos logren como sujeto.
Flesler es autora de “El niño en análisis y el lugar de los padres” y “El niño en análisis y las intervenciones del analista” (Editorial Paidós).

Fuente: Revista Ñ. 07 de agosto del 2013.

martes, 30 de julio de 2013

Teoría y prácticas del multiculturalismo en Canadá. Patrick Imbert.

“El multiculturalismo en Canadá es entendido como una extensión de los derechos humanos”

El especialista en multiculturalismo estará en la conferencia Teoría y prácticas del multiculturalismo en perspectiva comparada: Canadá y América Latina a las 12:15 p.m. en el Auditorio de EEGGLL. También participó de la mesa redonda, “Teorías y prácticas del multiculturalismo en perspectiva comparada: los casos de Canadá y América Latina”, organizado por Estudios Generales Letras, para explicar este fenómeno.

¿Cuáles son los principales aspectos del multiculturalismo?

Existen tres elementos, el grupo mayoritario, minoritario y el respeto por el individuo. El multiculturalismo en Canadá se basa sobre dos importantes ideas, la primera es proteger al grupo minoritario y resguardar a sus individuos, porque este fenómeno es entendido como una extensión de los derechos humanos. La segunda idea importante, se da en la existencia de diversos derechos específicos, es decir, que un grupo minoritario no necesita que se reconozcan diferencias completas frente a la sociedad exceptuando, por ejemplo, que algunos grupos les gustaría que se les reconozca su diferencia lingüística por tratarse de un grupo autóctono, por lo que se les va a reconocer el derecho a una educación bilingüe, otro grupo va a pedir que se reconozca su derecho a la pesca, a otro le gustaría tener excepciones religiosas por ejemplo, el uso del velo para cubrirse. Esas son las ideas importantes del multiculturalismo.

¿Cómo se logra asegurar el éxito de los inmigrantes en Canadá?

Hay diferentes tipos de inmigrantes, naturalmente hay quienes vienen con diplomas e ingresos, por lo que realmente no necesitan ayuda, pero para los menos favorecidos hay programas del municipio para integrar a los niños en programas especiales en escuelas donde se pueden, por algunos meses, estudiar en su lengua materna y en una del país, como inglés o francés. También hay programas que pueden tener acceso a departamentos básicos que no cuestan mucho donde no hay discriminación, la ayuda se da en diferentes niveles. El multiculturalismo fue implementado en Canadá en el 1971 para luchar contra el racismo y la población se ha acostumbrado a reconocer el multiculturalismo como un valor importante de la paz social y de la democracia, esto es por la existencia de una reglamentación en todos los niveles para que no haya discriminación, por ejemplo, cuando se trata de conseguir un trabajo.

En el mundo globalizado, ¿las culturas se ven amenazadas por un proceso de homogeneización?

Para mí no. Sé que hay varias teorías, pero no lo veo como un proceso de homogeneización de la cultura, porque el proceso básico de la globalización favorece el movimiento y el encuentro, entonces la gente se mueve de un país a otro, de una lengua a otra. Es cierto que se convierte en una persona bilingüe o bicultural y esto hace que se trasformen ambas culturas, incluso podría decirse que en el marco de la modernización, el proceso de homogeneización fue implementado por el Estado-Nación, porque la mayor parte de estos en Europa o América Latina, han tratado de suprimir las diferencias culturales o lingüísticas de una manera forzada, pero a partir del Estado.

¿Cree que los medios de comunicación han redefinido el sistema de valores?

Naturalmente y no solo los medios de comunicación, sino también los nuevos sistemas como Twitter, Facebook y toda la web, porque ahora tenemos acceso a cualquier cosa que buscamos en tan solo dos minutos y podemos compartir nuestras ideas con personas de todo el planeta y recibir correos muy rápidamente. Entonces, uno de los valores que ahora apreciamos es la eficiencia, la rapidez y la posibilidad de cambiar de idea o de cultura porque ahora la gente se comunica con diferentes culturas de manera instantánea, y en efecto, ese cambio que hace 50 años se temía, ahora es algo muy positivo para los jóvenes.
Usted sostiene que el lenguaje de los medios había ayudado a crear estereotipos…
Los medios de comunicación son un poder muy grande que crean estereotipos y han remplazado en parte el rol del Estado-Nación de crear estereotipos de homogeneización de un país. Ahora son los medios privados o públicos quienes los crean. Hay algunos que contribuyen a la paz o a la no discriminación, pero la mayor parte crean situaciones donde la gente no puede tener acceso directamente, todo es a través de la mediación de los estereotipos, entonces en mayor parte no son estereotipos que pueden crear comunicaciones interculturales positivas.
A eso se refería con que los medios inventan una realidad.
La cuestión es que nunca tenemos acceso a la realidad. Nuestro acceso a la gente o al mundo material es a través de mediaciones de teorías científicas, culturales y lingüísticas. Los medios han creado filtros particulares, dependiendo de sus estrategias, para imponer cierto tipo de mediación a través de estereotipos que permiten crear una cultura o ideología particular. Por ejemplo, desde 1971 los medios canadienses se han consagrado a difundir cada día la óptica positiva sobre el multiculturalismo, no solo es una cuestión de reglamentación es una nueva construcción del país, una nueva invención de la nación y esto fue manejado por el gobierno a través de los medios públicos y privados.
Fuente: puntoedu.pucp.edu.pe  30 de mayo del 2013.

domingo, 14 de julio de 2013

Cultura combi y camionetazo en el Perú.

"CULTURA COMBI Y CAMIONETAZO"


Por: Eloy Jaúregui (Escritor)
La clase media en el Perú es un oxímoron por vanidosa y un pleonasmo por menesterosa. Un informe reciente del BID dice que el 70 % de la población en Perú pertenece a la clase media.
Canallas, para ello sustentan que para pertenecer a este sector basta con un sueldo de 900 soles mensuales. ¡Qué! Soy enemigo de las estadísticas.
Son las zorras de las matemáticas. Comoeldicto al mercado Minka sé que nadie posee una camioneta 4x4 –ni china– con esa cantidad y nuestras calles y avenidas van atrancadas de ellas. Sin embargo, ningún smartphone Nokia Lumia 920 o un reloj Maurice Lacroix le otorgan a uno caché y prestigio como una camioneta Land Rover Range Rover v8. Un ‘lorcho’ con esa caña bien puede considerarse un Carlos Slim o un Bill Gates del emprendimiento cuy.
Soy clásico del pobre, vivo en Jesús María y tengo novia en Los Olivos, el Beverly Hill de Lima Norte. En mis pagos no se nota. Mis vecinos mantienen su status Toyota y hasta idolatran sus VW. Enemigos del ruido y el claxon, conducen con apatía de vieja tejiendo bufanda. Allá, en el norte, no. El ascenso social los hace inmunes al orden. Sufren de la anomia que les otorga sus tarjetas de crédito y el dinero plástico. Cierto, la mayoría ha pasado de la hedionda “cultura combi” a la fragante “cultura del camionetazo”. Así, son prepotentes y achorados. Todos usan armas de fuego. Miran como sicarios y caminan como “marcas”. Sus 4x4 vienen con discoteca incluida. Maduros, oyen a los One Direction y portan hasta 5 celulares. Entonces conversan, se cruzan, se meten, tragan manzanas, tararean, se tiran pedos, gilean, eructan, hablan con la otra, dan órdenes a sus lacayos por su USB debugging micrófono aparte y leen su Trome.
La verdadera clase media –para Arellano Marketing– está entre los (NSE) tradicionales. El concho de la C y un toque de la B. Es más, las empresas de investigación serias afirman que apenas un 28 % de los peruanos son de clase media –según nivel de ingreso–, pero cuando se le pregunta a la gente: ¿a qué clase pertenece? Un 56% se siente clase media. Es verdad, esta nueva clase media en base a los sectores emergentes, crece hace 50 años cuando llegaron como migrantes. Desde ese tiempo han acumulado propiedades y generado sus pequeñas y/o enormes empresas. Ergo, este sector no necesariamente tiene las costumbres y sigue la forma de actuar de su ADN tradicional, presenta códigos musicales, artísticos, culturales y económicos diversos. Pero los domingos, chapan cuy y se emborrachan metiendo tiros.
El peruano de marras es un migrante genético y un trashumante empedernido. A la cifra que manejaba el Dr. Teófilo Altamirano en 1985 donde se explicaba las 70 mil instituciones provincianas que operaban en Lima, sería bueno recordar las investigaciones de José Matos Mar sobre el origen de las barriadas en los 50: “Desborde popular y crisis del Estado”, y las culturas hibridas y barrios marginales en los textos Carlos Iván Degregori. ¿Qué se explica? La permanente y castrante búsqueda de la modernidad y el fracaso de su representación política. Así, el peruano del anexo viaja al distrito y luego a la provincia y de ahí a la capital del Departamento y luego llega a Lima y ya está buscando cómo irse Argentina o España. Errante errático, por no decir vagabundo, no tiene anclajes y pierde su identidad.
La nueva clase, no digo media sino “intermedia”, además de ser prepotente y arrasadora milita en los tres tipos de economía: la formal, la informal y la delictiva. Tiene talleres, son dueños de una flota de mototaxis y lava dinero en los chifas. En Los Olivos, una familia de cuatro personas acostumbra ir a un restaurante o al multicine una vez por semana. Sus hábitos de consumo los ha trasladado a los nuevos centros comerciales. Este limeño de nuevo cuño, es conchudo. Y está bien. Invade Mega Plaza como se mete en el CC Caminos del Inca. Fachoso, porta licencia de patán. Antes, se cohibía de ingresar a los restaurantes gourmets. Hoy, atropella en las tiendas fichas y paga por un par de zapatillas hasta 500 dólares. O sea, ha roto el espacio de la segregación.
Pedro Francke a quien conozco de analista serio le ha pegado su buena zurra a los genios del Banco Interamericano de Desarrollo. De acuerdo con lo que también afirma el economista Enrique Vásquez, no puede existir un 70 % de peruanos que militen en la “clase media” cuando el mismo BID dice que en Perú el 40 % somos pobres. Por ello, hablan de una “media clase”. De que en nuestro querido Perú, en economía, 2 más 2 da 7 si es de día y 3 cuando cae la noche. Insisto, dudo del Opus Dei más que del INEI, que hoy no quiere censar a los gay. Dije que intento ser clásico, pero no soy un reverendo reaccionario. Así, veo como los Wong y los Vivanda andan repletos. Observo que los peruanos –los he visto en Piura, Trujillo, Ica, Arequipa etc.– tienen una capacidad de gasto que antes no existía. Y está bien.
Pero resumiré. Un peruano de la nueva clase intermedia todavía rebuzna entre el caldo de gallina vs. combo 1 McDonald. Aparecen los restaurantes campestres en Santa Eulalia, Pachacámac y en Cienaguilla. Ahí se refutan las identidades nacionales y las cocinas departamentales reclaman un lugar en las ciencias sociales. ¿Comemos igual todos los peruanos? No creo. ¿Tienes trabajo? ¿Eres informal? ¿Cuánto vale tu Audi? La oferta es múltiple y cruel, y tiene el vómito de la corrupción. Persisten dos formas de existir. Dos conceptos de trepar al cielo del éxito. Hay pues dos países cohesionados y en conflictos simultáneo. El Perú combi y el del camionetazo, todavía.
Fuente: Diario 16. 13 de julio del 2013.

La clase media en la historia. Entre la burguesía y el proletariado.

La Tercera Clase


Por: Rodolfo Hinostroza (escritor)

Ahora que hay un renacer del marxismo a escala mundial, que se expresa en las lecturas masivas del “Manifiesto Comunista”, uno de los best-sellers mundiales del año pasado, y de “El Capital” con su creciente tasa de ventas anuales, algunos sociólogos lo conectan con las protestas de Los Indignados del Medio Oriente. Europa, de Estados Unidos y ahora de Brasil, el gigante sudamericano. Y en efecto, si bien se mira hay una vinculación de ambos temas, pero de una manera heterodoxa que trataré de explicar.

Marx, en aplicación de la dialéctica hegeliana a la Historia, decreta que la clase social que ha derrocado al régimen feudal de los reyes es la Burguesía, la que ha producido a su vez a su clase social opuesta y complementaria, el Proletariado, llamado a reemplazarla por la fuerza de la Necesidad Histórica. Pero en su análisis omite el hecho de que la Burguesía realmente engendra a dos clases sociales, el Proletariado y la Clase Media, pero esta última es ninguneada por el filósofo alemán que la ve como el remedo de la burguesía, la huachafería de los funcionarios del Estado que intentan imitar a sus patronos, y de ningún modo una clase peligrosa, que podría arrebatar el Poder al proletariado. Lenin sí la ve como peligrosa y enemiga de la Revolución Proletaria, y por eso la niega y la persigue porque puede corromper a la clase obrera y desviarla de sus fines de clase, porque la lucha principal es contra la Burguesía y sus lacayos los clasemedieros. Es por eso que la Pequeña Burguesía, como se le llama despectivamente, desaparece en tanto que fuerza histórica singular y distinta, porque se le asimila a la Burguesía sin advertir su especificidad. Como la Lucha Principal enfrenta al Capital con el Trabajo, al Burgués propietario de los medios de producción, contra los desposeídos Obreros que solo cuentan con su fuerza de trabajo, se deja de lado a la Clase Media, y se le expulsa o desaparece de la sociedad. Así lo hace la Cuba de Fidel Castro que expulsa a Miami a todo un estamento social de al menos medio millón de sujetos, el mejor preparado, el más culto, el de mayor iniciativa laboral, el de más rápido crecimiento demográfico y social, que forma parte de la clase social más numerosa e influyente del mundo, y lo reemplaza por una incipiente Clase Media Estatal incompetente, corrupta y dependiente del poder central, que imita a la de los países del bloque comunista.

La Clase Fantasma, ninguneada por Marx y perseguida por Lenin es hoy la clase mayoritaria en los países industriales, superando ampliamente a la población obrera, y extendiéndose por todas las fronteras, porque es un ideal de ascenso social, de modo de vida, que atrae, como un imán, a todos los pobres del mundo. Es la mejor oferta social que se propone en el planeta, y por su crecimiento se mide el desarrollo del país. En el Perú, por ejemplo, se anuncia que la Clase Media se ha duplicado en los últimos cinco años, a causa del crecimiento económico que ha desplazado los índices de extrema pobreza hacia abajo, y ha impulsado el incremento de la Clase Media. El mismo fenómeno, pero en forma mucho más masiva y espectacular se da en el Brasil, que ha salido a protestar porque el gobierno no está satisfaciendo sus expectativas de clase, y está gobernando para los más ricos y para los más pobres, no para ella. Y en todas partes se ve el mismo fenómeno: en Estados Unidos, en España, en Grecia, en Portugal, en Egipto, en Túnez, en los Emiratos del Golfo. Ya no son los obreros los que llenan las calles: ahora es la Clase Media, que por primera vez está actuando en tanto que sí misma a lo largo y ancho de este mundo. Antes se trataba de casos aislados y esporádicos: Mayo del 68 en Francia, la Primavera de Praga, la Caída del Muro de Berlín, en los que la Clase Media había definido objetivos de Clase, distanciándose tanto de la burguesía como del proletariado, presentándose como una cosa nueva, como una alternativa fresca en medio de esas ideologías esclerosadas.

La existencia de clase precede a la conciencia de clase” enunciaba Karl Marx y eso es exactamente lo que está pasando: hay una enorme masa de personas que está existiendo como clasemediera, no como burguesa ni como proletaria, con sus propios reclamos de clase, porque ahora está ya madura para adquirir la conciencia de clase que le hacía tanta falta. Los clasemedieros ya dejaron de creer que ellos también pueden ser millonarios, y menos aún billonarios o trillonarios como los burgueses, que les parecen aberrantes con sus cifras fabulosas, infladas de decenas de ceros: ellos ya dejaron de soñar con pajaritos y ante todo no quieren que les quiten la casa de sus sueños por no terminarla de pagar, no quieren que los boten de la chamba o que los jubilen miserablemente, o que dejen sin trabajo a sus hijos preparados en universidades, o que no les dejen elegir libremente su preferencia sexual, que haya un futuro saludable para ellos y la enfermedad no los arruine, que los políticos no se roben la plata o la desperdicien en obras faraónicas…Es sintomático que en el país de Pelé se proteste contra los desmesurados costos del Campeonato Mundial de fútbol, porque aquí no se está oyendo la incondicional voz del pueblo, sino la voz juiciosa de la Clase Media.

Casi todas las protestas de esta clase son pacíficas: en Mayo ’68 ´, a pesar de las manifestaciones multitudinarias, del desorden masivo, solo hubo un muerto que lamentar, la de un estudiante que murió accidentalmente ahogado en un río. Porque el poder ya no está “en la punta del fusil” como dijo Lenin, sino en el desorden de la calle, salvo que se trate de una dictadura sangrienta como la de Siria y algunos países árabes poco respetuosos de los Derechos Humanos. La Clase Media suele ser pacifista antes que guerrera, aunque antaño haya sido la columna vertebral del Fascismo y del Nazismo: no olvidemos que los dirigentes nazis, Himmler, Goering, Heynrich, Hesse, el propio Hitler provenían de la burocracia alemana, de la pequeña burguesía avara y resentida que veía en el proletariado a su enemigo principal…. Y tampoco olvidemos que la extinta Nomenklatura Soviética que dirigía el país con mano de hierro, estaba compuesta por individuos de la Clase Media estatal creada por la Revolución Proletaria, ya que los proletarios no sabían dirigirse a sí mismos y necesitaban que la famosa Conciencia de Clase les viniera de afuera, como lo critica Herbert Marcuse en su libro “El Marxismo Soviético”.

Se trata pues de una verdadera resurrección del Marxismo lo que estamos viviendo en el mundo entero, pero esta vez conducida por una Clase Media que comienza a salir de su marasmo, y a comportarse como una clase social con conciencia de clase, con metas propias antes que usurpadas o imitadas, aunque todavía algo difusas. Sorprende que aún no se haya creado un Partido de la Clase Media que la reúna y organice, tal como los proletarios se organizaron en torno al poderoso Partido Comunista Internacional, que estuvo a punto de gobernar nuestro planeta entero. Ahora la lucha se plantea, cada vez con mayor claridad, entre una gigantesca clase media de alcance mundial, y un puñado de billonarios, apenas un 1% de la población, que detenta la mayor parte de las riquezas del globo. Quién cree usted que ganará?

Fuente: Revista Caretas N° 2291 (Perú). 11 de julio 2013. 

martes, 21 de mayo de 2013

Cecilia Méndez: "Vivimos en un Estado fundado por Fujimori: el modelo económico y el Estado es el legado de Fujimori".

Cecilia Méndez: “En estos tiempos está mal visto mirar al pasado”




Distribuye su tiempo entre la Universidad de California en Santa Barbara, y Lima. Esta académica es muy activa en las redes sociales y sus opiniones siempre propician debates. Méndez sostiene que la historia da vueltas, que se avanza y se retrocede, y que no necesariamente todo tiempo presente es mejor.
Humala ha gobernado con su “hoja de ruta”, para tranquilidad del empresariado. Ahora que existe la “amenaza” de que el Estado compre Repsol, ¿se reavivan los viejos temores?
En el Perú existe un trauma de la era de Velasco, al que se suman otros eventos latinoamericanos recientes. Es interesante analizar los medios y ver cuáles gritan más. En el caso de El Comercio, el trauma de Velasco es muy claro. Sus ganancias son producto de la venta y los negocios relacionados con su empresa. Les quitan su periódico y son nadie. La oposición de Aldo Mariátegui es sobre todo ideológica, y la de Du Bois pasa por una amenaza a sus negocios.

¿Qué margen tiene un presidente para cambiar situaciones, o está siempre condenado a ser un administrador?
Hasta el momento Humala está administrando. Como historiadora me impresiona que todas las reacciones contra la supuesta amenaza estatista sean muy recientes. Aparte del trauma de Velasco y el del anterior Alan García, ya no se veía eso. En los Estados Unidos también me llamaba la atención que consideraran Estados fuertes a los Estados comunistas, porque para ellos cualquier control de Estado era sinónimo de comunismo.

En el Perú han creado un discurso que repiten como si fuera una verdad científica, cuando ha sido producto de un proceso de enriquecimiento de ciertos sectores en el país. Y las otras clases aspirantes a clase alta y media, que no poseen nada más que sus ilusiones, le hacen eco.
Revisando la historia, ¿recuerdas algún presidente que haya tenido un discurso de campaña y lo haya mantenido luego de llegar al poder?
Billinghurst; por eso le hicieron un golpe y lo sacaron. A mí me parece que Toledo aplicó las medidas que propagandizó. De los últimos, fue el que menos engañó.

Volviendo al gobierno velasquista, todavía no se ha terminado de estudiar su irreversibilidad y su impacto en la sociedad peruana.
Velasco no ha sido olvidado; su presencia se manifiesta como un silencio, como un miedo. Lo que pasa es que muchas veces lo más importante se calla. Las razones verdaderas se silencian. Hay una diferencia entre silenciar y olvidar. Está tan presente que es casi innombrable.

Todos los de la generación del 70 y del 80 están marcados por ese proceso…
Mi infancia y mi adolescencia transcurrieron en tiempos de Velasco. Y lo que estoy trabajando se relaciona con eso. Por ejemplo, Velasco transformó completamente el discurso oficial de la historia poniendo a Túpac Amaru como el héroe principal del Perú.

Hasta ese momento, se conocía poco de él.
Si ven los textos, Túpac Amaru era un pie de página. Velasco no se inventó la historia, porque ya en los años 50-60 empezaba a haber una reivindicación heroica del personaje.

Lo que es impresionante es cómo la historia hegemónica y las narrativas actuales han desaparecido a Túpac Amaru del discurso de la independencia, que se cuenta como si fuera obra de los criollos. Es interesante ver que el héroe oficial se ha convertido en proscrito, a pesar de que todavía existe una pintura de Túpac Amaru en el Palacio de Gobierno, y de que hay una resurrección de su imagen en el ámbito popular.
Así entramos al Bicentenario.
Así, como si lo que pasó antes no tuviera nada que ver. El año pasado se han cumplido 200 años de la rebelión de Huánuco, se viene el aniversario de la rebelión de Pumacahua y la de los hermanos Angulo, que fueron fuertísimas, y amenazaron el sistema colonial. Ambas han sido silenciadas en todas las conmemoraciones oficiales del Bicentenario.

¿Por ser el centro del poder español, nuestra Independencia también fue más complicada?
La Independencia debería entenderse como una guerra civil, porque ocurren las rebeliones de Huánuco en 1812 y la del Cusco en 1814, que son las más fuertes. En Cusco se declara un gobierno independiente que abarcó hasta La Paz, y que fue reprimido por las tropas del virrey Abascal que estaban en Lima y cuyos oficiales eran criollos. Pero cuando llega San Martín esos oficiales se pasan al bando independentista. Santa Cruz, La Mar y Orbegoso estuvieron antes en el lado realista. La República nace de una guerra civil muy violenta que no entendemos como tal, y eso contribuye a que haya una ambigüedad en las lecturas de la Independencia.

¿Cuán fuerte es la idealización de ciertas etapas de la historia?
El imaginario de la historia no ha sido creado por los historiadores sino por los literatos. Si le preguntas a alguien sobre la historia te va a responder con una tradición de Ricardo Palma, que fue un gran idealizador de la Colonia.

En uno de tus ensayos decías que en el siglo XIX había un elemento democratizador más fuerte que el de ahora, y eso rompe con la idea arraigada de que la democracia ha ido avanzando.
Yo creo que los historiadores ya se están dando cuenta de eso. Por ejemplo, la historiadora Gabriela Chiaramonti publicó un libro sobre los procesos electorales. Sostiene que apenas en el año 1895, con la reforma electoral de Piérola, se establece como requisito para ejercer el voto que los ciudadanos sepan leer y escribir. Es paradójico, porque justo cuando se decreta la paz —porque con Piérola termina la última guerra civil del siglo— es cuando la República se instaura con un formato jurídico excluyente. No en vano Basadre llama a ese periodo “la República Aristocrática”. Y por eso en mi libro yo llamo “República Plebeya” al periodo inicial de los caudillos, ya que en ese momento la insurrección era todavía un mecanismo legítimo de la política. Si un caudillo quería contar con el apoyo de la población, no podía ser tan malo ni tan inclemente con los pueblos, porque ellos alimentaban a su ejército. La guerrilla era el método clásico de todas estas guerras y eran estrategias que requerían un conocimiento del terreno y el apoyo de los campesinos.

Lo que yo postulo es que en el siglo XIX las guerras reales eran guerras entre iguales, no de una clase contra otra. Eran grupos que tenían ejércitos muy parecidos. Actualmente vivimos la guerra dentro de la paz, que se caracteriza por propiciar guerras completamente desiguales en las que un grupo tiene mucho más poder que el otro. Estamos en democracia, pero hay guerras que se manifestaron primero en Bagua y ahora en Conga.
Entonces con la democracia y el Estado de derecho se legitima esa desigualdad.
Piérola llega al poder a través de una guerra civil, apoyado por los montoneros, y establece una revolución en el Estado, porque crea el ejército profesional. El que llegó al poder con los montoneros los deslegitima porque establece que es ilegal la posesión de armas por civiles.

La historia da vueltas. La gente gana derechos y los pierde. Nosotros pensamos que antes se vivía en el oscurantismo y que ahora hay más progresismo. Esa idea nos viene del pensamiento ilustrado del siglo XVIII y también está metido en los historiadores. En realidad, la historia hay que reescribirla todita.
Sobre el concepto actual de nacionalismo, ¿es el mismo de los siglos pasados o ha ido variando?
Habría que preguntarse cuándo surge el “ismo”, porque el concepto de Nación existía desde los españoles con otra connotación. El nacionalismo es bastante más contemporáneo. En el siglo XIX no es muy usado, pero en el XX el concepto se fija. Analizando la retórica nacionalista de Velasco hasta el primer García, y la del neoliberalismo, hay una ‘deshistorización’ del discurso nacionalista.

Eso se nota con más fuerza en el gobierno de Fujimori.
Vivimos en un Estado fundado por Fujimori: el modelo económico y el Estado es el legado de Fujimori. Acá tenemos dos hitos: Velasco y Fujimori. No tengo memoria de que en el discurso del fujimorato haya una referencia al pasado peruano. Ésa es una diferencia radical con respecto al velascato, cuando el nacionalismo se basaba en un discurso histórico.
"Actualmente vivimos la guerra dentro de la paz, que se caracteriza por propiciar guerras completamente desiguales en las que un grupo tiene mucho más poder que el otro. Estamos en democracia, pero hay guerras que se manifestaron primero en Bagua y ahora en Conga" - Cecilia Méndez.
¿El verdadero discurso nacionalista ha desaparecido?
Lo que hay es un reavivamiento de los imaginarios, de las identidades imaginadas. Hay una reivindicación de las identidades regionales: la nación aimara, la identidad huanca.

Podría decir que el nacionalismo desapareció con Fujimori, pero no es así. No desaparece así nomás: muta, se transforma, y se vuelve un nacionalismo culinario, turístico, un nacionalismo de Marca Perú. En este marco, la historia viene a ser la cenicienta del liberalismo; la identidad tiene que ver con lo que comes. El escudo ha sido reemplazado por la Marca Perú.
Importa más el presente de “prosperidad y felicidad”.
Sí. Es como si se quisiera anular la historia. Esto es muy peligroso, porque lleva a que la gente crea que el pasado no es importante. El discurso de hoy se basa en varios lenguajes: el de las inversiones, el del tú solo puedes. Y la historia es algo colectivo, nos ayuda a ver lo que somos ahora; pero a nadie le interesa eso, porque creen que todo es maravilloso. En cambio, la historia complejiza, hace ver problemas.

Vivimos la era del ‘historicidio’, porque lo que está pasando es un asesinato de la historia. Está mal visto mirar al pasado. Por ejemplo, se muere un líder como Belaunde o Villanueva y se convierten casi en santos. Y cuando empiezas a escudriñar hechos reales te censuran hasta tus amigos de izquierda. Hasta dentro de la propia Academia, porque en este momento de prosperidad económica, muchos de los que antes eran críticos ahora trabajan para el Gobierno.
¿Qué opinas del auge de la politología? 
El problema que tengo con la politología es que me parece que el razonamiento que hacen sobre la política se cierra en la esfera de los partidos, y se refieren a ella como a un partido de ajedrez: si mueves esta pieza, pasa esto. Alguien me dijo que los politólogos son al neoliberalismo lo que los sociólogos fueron al velascato. Son instrumentales a una cierta manera de ejercer el poder. Hay pocos politólogos que tienen densidad: Alberto Vergara es uno de ellos.

Ellos dicen que el problema del Perú es la ausencia de partidos. Eso es muy superficial. Nosotros hemos tenido partidos; el problema es cómo se ejerce el poder en el Perú y quién lo ejerce. La política tiene que ver con la administración del poder y con el tener más o menos poder en la esfera pública. Y para eso, los partidos son una capa muy superficial, no nos ayudan a entender nada.
Sobre la memoria reciente, no se está avanzando al ritmo que se debiera en justicia y reparación. ¿Tiene que ver con el hecho de que Humala sea militar y que sienta que no se ha tratado con justicia a los militares?
En su discurso como candidato ya decía algo de eso. Además de los cuestionamientos que le hicieron por lo del “caso Madre Mía”.

¿No te tragas el sapo de su inocencia?
Yo quise creer en su inocencia. Eso fue lo que me permitió votar por él. Pero parece que no es tan así.
El trabajo de la memoria tuvo un impulso con el Informe de la Comisión de la Verdad. Se logró incorporarlo a nivel escolar, por ejemplo. ¿Cómo se debería seguir trabajando?
Yo creo que ha habido un hito muy importante, que es la publicación del libro Memorias de un soldado desconocido, de Lurgio Gavilán, que está batiendo récords. En un mes ha vendido 700 ejemplares. Un libro académico no vende eso ni en 20 años, porque las ediciones son de mil.

El Informe de la CVR es muy importante, pero no es intocable. Seguramente hay bastante que añadir y corregir.
Lo que hay es una lucha entre ciertos sectores que participaron en la CVR y que no quieren aceptar ninguna otra versión, y otros sectores que están haciendo estudios de lo que no se dijo en la Comisión, y que cuestionan la dicotomía tan fuerte entre víctimas y victimarios. Por ejemplo, los trabajos de Kimberly Theidon, de Ricardo Caro. Antes no se podía estudiar a un senderista; ahora sí se les está viendo históricamente en su contexto. Y está el grupo Memoria, que fue creado por Carlos Iván Degregori y es autocrítico. Por eso creo que el libo de Lurgio es un punto de quiebre, al punto que lo han valorado tanto VLl como una empleada del hogar a la que se lo regalé. Ha logrado esa aceptación tocando un periodo de la historia que suscita las polarizaciones más fuertes en el Perú.

El libro demuestra que un senderista y un soldado pueden ser víctimas. Él ha descrito a un niño senderista de 12 años sin que le digan terrorista. Si ese libro fuera de lectura obligatoria en los colegios, podría ocasionar una revolución en la memoria de la nueva generación.
¿Por qué la de Sendero Luminoso fue una guerra civil? ¿Cómo defines una guerra civil?
Obviamente fue una insurgencia, pero se le llamaba guerra interna y no hay consenso en torno al nombre de este periodo histórico. La izquierda primero llamó al periodo guerra interna y después conflicto armado interno. Los militares hablan de guerra contrainsurgente. Yo le llamo guerra para no disminuir la intensidad de lo que pasó. Es cierto que no hubo declaratoria formal, pero la mayoría de guerras que han existido en el mundo no se han hecho con declaratoria diplomática de guerra. Eso es algo de las últimas décadas. Lo que pasa es que el Movadef se ha apropiado del término guerra interna para exculpar los crímenes de Sendero.

Para mí la situación más clara de analogía que se puede hacer entre las guerras civiles del XIX y Sendero es que el Estado decide por decreto entregar armas a los civiles en el año 1991, y forma las autodefensas campesinas. Legitima la posesión de armas por entes que no son los militares. Por primera vez desde el gobierno de Piérola, tenemos una situación en la que el Estado delega una de sus facultades.
Pero urge ponerse de acuerdo en el término para que se pueda enseñar ese periodo histórico.
En un texto escolar yo incorporaría el testimonio de las diferentes partes y dejaría que los alumnos piensen en eso. Pero, como ustedes dicen, está este otro jalón que es la historia oficial, donde todo tiene que tener un nombre para que se lo aprendan de memoria.

¿Qué opinas de la pretención de Movadef de inscribirse como partido político?
Yo escribí sobre eso porque me llamaba la atención que todos —izquierda y derecha— se rasgaran las vestiduras, e incluso llegaron a presionar al JNE. No hubo un debate sobre la ley de partidos y la libertad de expresión y de palabra. Hubo un cargamontón mediático y se callaron los constitucionalistas.
Como historiadora siento que es mi responsabilidad conectar los procesos a su origen; por ejemplo, el APRA es un partido que usó técnicas terroristas porque los deslegitimaron. Entonces podías estar creando un monstruo al marginarlos de la legitimidad. ¿Dónde va a existir?

Tú has dicho que los liberales de hoy son menos progresistas que los liberales de la época del guano.
Sí, yo tampoco lo hubiera imaginado, porque la idea es que eran más elitistas. Es al revés. Basta ver la agenda del Partido Civil: la bandera de los liberales era la educación estatal y no la privada. Lo que está pasando es muy reciente y no hay la suficiente distancia para verlo objetivamente. El liberalismo de ahora no es el de antes; prácticamente se quiere disolver el Estado, y a nivel mundial también está desapareciendo el Estado de bienestar.

¿Crees que estamos construyendo una falsa inclusión, una ilusión de igualdad?
En los centros comerciales la inclusión es bien real, porque ha habido una expansión del sistema de crédito. El crecimiento económico es real. Pero ese bienestar tiene su contraparte en lo que pasa en el resto del país, donde crecen las ciudades pero el campo se mantiene casi igual.

Tú que vives en los Estados Unidos, ¿cuáles son las diferencias entre el racismo de allá y el de acá?
En los Estados Unidos piensan que a partir del triunfo de Obama estamos en una situación posracial. Él fue el primer negro que no puso la raza como el punto principal de su discurso político. En ese país las definiciones raciales fueron siempre “eres blanco o negro”. Lo revolucionario en los Estados Unidos ahora es decir “soy mestizo”, reivindicar una identidad marrón. Por eso muchos académicos decían que en América Latina sí existía una democracia racial, porque se identificaba con su mestizaje.

En el Perú es al revés. Aquí nombrar la raza es lo revolucionario. Decir: “Yo soy indio, tú eres blanco” es lo que incomoda. Desde Garcilaso, el mestizaje ha sido una cortina para defender una identidad hispanista. Acá el mestizaje es el status quo, es esconder el racismo.
¿Hay un incremento del racismo?
Sí, que tiene que ver con la inclusión de los sectores económicos que antes estaban fuera, y se nota cuando una persona de los conos va a una discoteca de Larcomar. Eso pasaba en Brasil en los años 60: el racismo se incrementaba a medida que la sociedad se democratizaba. Mi teoría es que el racismo surge en los procesos de democratización y de apertura.

Fuente: Revista Ideele (Web). 18 de mayo del 2013.