domingo, 14 de julio de 2013

Cultura combi y camionetazo en el Perú.

"CULTURA COMBI Y CAMIONETAZO"


Por: Eloy Jaúregui (Escritor)
La clase media en el Perú es un oxímoron por vanidosa y un pleonasmo por menesterosa. Un informe reciente del BID dice que el 70 % de la población en Perú pertenece a la clase media.
Canallas, para ello sustentan que para pertenecer a este sector basta con un sueldo de 900 soles mensuales. ¡Qué! Soy enemigo de las estadísticas.
Son las zorras de las matemáticas. Comoeldicto al mercado Minka sé que nadie posee una camioneta 4x4 –ni china– con esa cantidad y nuestras calles y avenidas van atrancadas de ellas. Sin embargo, ningún smartphone Nokia Lumia 920 o un reloj Maurice Lacroix le otorgan a uno caché y prestigio como una camioneta Land Rover Range Rover v8. Un ‘lorcho’ con esa caña bien puede considerarse un Carlos Slim o un Bill Gates del emprendimiento cuy.
Soy clásico del pobre, vivo en Jesús María y tengo novia en Los Olivos, el Beverly Hill de Lima Norte. En mis pagos no se nota. Mis vecinos mantienen su status Toyota y hasta idolatran sus VW. Enemigos del ruido y el claxon, conducen con apatía de vieja tejiendo bufanda. Allá, en el norte, no. El ascenso social los hace inmunes al orden. Sufren de la anomia que les otorga sus tarjetas de crédito y el dinero plástico. Cierto, la mayoría ha pasado de la hedionda “cultura combi” a la fragante “cultura del camionetazo”. Así, son prepotentes y achorados. Todos usan armas de fuego. Miran como sicarios y caminan como “marcas”. Sus 4x4 vienen con discoteca incluida. Maduros, oyen a los One Direction y portan hasta 5 celulares. Entonces conversan, se cruzan, se meten, tragan manzanas, tararean, se tiran pedos, gilean, eructan, hablan con la otra, dan órdenes a sus lacayos por su USB debugging micrófono aparte y leen su Trome.
La verdadera clase media –para Arellano Marketing– está entre los (NSE) tradicionales. El concho de la C y un toque de la B. Es más, las empresas de investigación serias afirman que apenas un 28 % de los peruanos son de clase media –según nivel de ingreso–, pero cuando se le pregunta a la gente: ¿a qué clase pertenece? Un 56% se siente clase media. Es verdad, esta nueva clase media en base a los sectores emergentes, crece hace 50 años cuando llegaron como migrantes. Desde ese tiempo han acumulado propiedades y generado sus pequeñas y/o enormes empresas. Ergo, este sector no necesariamente tiene las costumbres y sigue la forma de actuar de su ADN tradicional, presenta códigos musicales, artísticos, culturales y económicos diversos. Pero los domingos, chapan cuy y se emborrachan metiendo tiros.
El peruano de marras es un migrante genético y un trashumante empedernido. A la cifra que manejaba el Dr. Teófilo Altamirano en 1985 donde se explicaba las 70 mil instituciones provincianas que operaban en Lima, sería bueno recordar las investigaciones de José Matos Mar sobre el origen de las barriadas en los 50: “Desborde popular y crisis del Estado”, y las culturas hibridas y barrios marginales en los textos Carlos Iván Degregori. ¿Qué se explica? La permanente y castrante búsqueda de la modernidad y el fracaso de su representación política. Así, el peruano del anexo viaja al distrito y luego a la provincia y de ahí a la capital del Departamento y luego llega a Lima y ya está buscando cómo irse Argentina o España. Errante errático, por no decir vagabundo, no tiene anclajes y pierde su identidad.
La nueva clase, no digo media sino “intermedia”, además de ser prepotente y arrasadora milita en los tres tipos de economía: la formal, la informal y la delictiva. Tiene talleres, son dueños de una flota de mototaxis y lava dinero en los chifas. En Los Olivos, una familia de cuatro personas acostumbra ir a un restaurante o al multicine una vez por semana. Sus hábitos de consumo los ha trasladado a los nuevos centros comerciales. Este limeño de nuevo cuño, es conchudo. Y está bien. Invade Mega Plaza como se mete en el CC Caminos del Inca. Fachoso, porta licencia de patán. Antes, se cohibía de ingresar a los restaurantes gourmets. Hoy, atropella en las tiendas fichas y paga por un par de zapatillas hasta 500 dólares. O sea, ha roto el espacio de la segregación.
Pedro Francke a quien conozco de analista serio le ha pegado su buena zurra a los genios del Banco Interamericano de Desarrollo. De acuerdo con lo que también afirma el economista Enrique Vásquez, no puede existir un 70 % de peruanos que militen en la “clase media” cuando el mismo BID dice que en Perú el 40 % somos pobres. Por ello, hablan de una “media clase”. De que en nuestro querido Perú, en economía, 2 más 2 da 7 si es de día y 3 cuando cae la noche. Insisto, dudo del Opus Dei más que del INEI, que hoy no quiere censar a los gay. Dije que intento ser clásico, pero no soy un reverendo reaccionario. Así, veo como los Wong y los Vivanda andan repletos. Observo que los peruanos –los he visto en Piura, Trujillo, Ica, Arequipa etc.– tienen una capacidad de gasto que antes no existía. Y está bien.
Pero resumiré. Un peruano de la nueva clase intermedia todavía rebuzna entre el caldo de gallina vs. combo 1 McDonald. Aparecen los restaurantes campestres en Santa Eulalia, Pachacámac y en Cienaguilla. Ahí se refutan las identidades nacionales y las cocinas departamentales reclaman un lugar en las ciencias sociales. ¿Comemos igual todos los peruanos? No creo. ¿Tienes trabajo? ¿Eres informal? ¿Cuánto vale tu Audi? La oferta es múltiple y cruel, y tiene el vómito de la corrupción. Persisten dos formas de existir. Dos conceptos de trepar al cielo del éxito. Hay pues dos países cohesionados y en conflictos simultáneo. El Perú combi y el del camionetazo, todavía.
Fuente: Diario 16. 13 de julio del 2013.

La clase media en la historia. Entre la burguesía y el proletariado.

La Tercera Clase


Por: Rodolfo Hinostroza (escritor)

Ahora que hay un renacer del marxismo a escala mundial, que se expresa en las lecturas masivas del “Manifiesto Comunista”, uno de los best-sellers mundiales del año pasado, y de “El Capital” con su creciente tasa de ventas anuales, algunos sociólogos lo conectan con las protestas de Los Indignados del Medio Oriente. Europa, de Estados Unidos y ahora de Brasil, el gigante sudamericano. Y en efecto, si bien se mira hay una vinculación de ambos temas, pero de una manera heterodoxa que trataré de explicar.

Marx, en aplicación de la dialéctica hegeliana a la Historia, decreta que la clase social que ha derrocado al régimen feudal de los reyes es la Burguesía, la que ha producido a su vez a su clase social opuesta y complementaria, el Proletariado, llamado a reemplazarla por la fuerza de la Necesidad Histórica. Pero en su análisis omite el hecho de que la Burguesía realmente engendra a dos clases sociales, el Proletariado y la Clase Media, pero esta última es ninguneada por el filósofo alemán que la ve como el remedo de la burguesía, la huachafería de los funcionarios del Estado que intentan imitar a sus patronos, y de ningún modo una clase peligrosa, que podría arrebatar el Poder al proletariado. Lenin sí la ve como peligrosa y enemiga de la Revolución Proletaria, y por eso la niega y la persigue porque puede corromper a la clase obrera y desviarla de sus fines de clase, porque la lucha principal es contra la Burguesía y sus lacayos los clasemedieros. Es por eso que la Pequeña Burguesía, como se le llama despectivamente, desaparece en tanto que fuerza histórica singular y distinta, porque se le asimila a la Burguesía sin advertir su especificidad. Como la Lucha Principal enfrenta al Capital con el Trabajo, al Burgués propietario de los medios de producción, contra los desposeídos Obreros que solo cuentan con su fuerza de trabajo, se deja de lado a la Clase Media, y se le expulsa o desaparece de la sociedad. Así lo hace la Cuba de Fidel Castro que expulsa a Miami a todo un estamento social de al menos medio millón de sujetos, el mejor preparado, el más culto, el de mayor iniciativa laboral, el de más rápido crecimiento demográfico y social, que forma parte de la clase social más numerosa e influyente del mundo, y lo reemplaza por una incipiente Clase Media Estatal incompetente, corrupta y dependiente del poder central, que imita a la de los países del bloque comunista.

La Clase Fantasma, ninguneada por Marx y perseguida por Lenin es hoy la clase mayoritaria en los países industriales, superando ampliamente a la población obrera, y extendiéndose por todas las fronteras, porque es un ideal de ascenso social, de modo de vida, que atrae, como un imán, a todos los pobres del mundo. Es la mejor oferta social que se propone en el planeta, y por su crecimiento se mide el desarrollo del país. En el Perú, por ejemplo, se anuncia que la Clase Media se ha duplicado en los últimos cinco años, a causa del crecimiento económico que ha desplazado los índices de extrema pobreza hacia abajo, y ha impulsado el incremento de la Clase Media. El mismo fenómeno, pero en forma mucho más masiva y espectacular se da en el Brasil, que ha salido a protestar porque el gobierno no está satisfaciendo sus expectativas de clase, y está gobernando para los más ricos y para los más pobres, no para ella. Y en todas partes se ve el mismo fenómeno: en Estados Unidos, en España, en Grecia, en Portugal, en Egipto, en Túnez, en los Emiratos del Golfo. Ya no son los obreros los que llenan las calles: ahora es la Clase Media, que por primera vez está actuando en tanto que sí misma a lo largo y ancho de este mundo. Antes se trataba de casos aislados y esporádicos: Mayo del 68 en Francia, la Primavera de Praga, la Caída del Muro de Berlín, en los que la Clase Media había definido objetivos de Clase, distanciándose tanto de la burguesía como del proletariado, presentándose como una cosa nueva, como una alternativa fresca en medio de esas ideologías esclerosadas.

La existencia de clase precede a la conciencia de clase” enunciaba Karl Marx y eso es exactamente lo que está pasando: hay una enorme masa de personas que está existiendo como clasemediera, no como burguesa ni como proletaria, con sus propios reclamos de clase, porque ahora está ya madura para adquirir la conciencia de clase que le hacía tanta falta. Los clasemedieros ya dejaron de creer que ellos también pueden ser millonarios, y menos aún billonarios o trillonarios como los burgueses, que les parecen aberrantes con sus cifras fabulosas, infladas de decenas de ceros: ellos ya dejaron de soñar con pajaritos y ante todo no quieren que les quiten la casa de sus sueños por no terminarla de pagar, no quieren que los boten de la chamba o que los jubilen miserablemente, o que dejen sin trabajo a sus hijos preparados en universidades, o que no les dejen elegir libremente su preferencia sexual, que haya un futuro saludable para ellos y la enfermedad no los arruine, que los políticos no se roben la plata o la desperdicien en obras faraónicas…Es sintomático que en el país de Pelé se proteste contra los desmesurados costos del Campeonato Mundial de fútbol, porque aquí no se está oyendo la incondicional voz del pueblo, sino la voz juiciosa de la Clase Media.

Casi todas las protestas de esta clase son pacíficas: en Mayo ’68 ´, a pesar de las manifestaciones multitudinarias, del desorden masivo, solo hubo un muerto que lamentar, la de un estudiante que murió accidentalmente ahogado en un río. Porque el poder ya no está “en la punta del fusil” como dijo Lenin, sino en el desorden de la calle, salvo que se trate de una dictadura sangrienta como la de Siria y algunos países árabes poco respetuosos de los Derechos Humanos. La Clase Media suele ser pacifista antes que guerrera, aunque antaño haya sido la columna vertebral del Fascismo y del Nazismo: no olvidemos que los dirigentes nazis, Himmler, Goering, Heynrich, Hesse, el propio Hitler provenían de la burocracia alemana, de la pequeña burguesía avara y resentida que veía en el proletariado a su enemigo principal…. Y tampoco olvidemos que la extinta Nomenklatura Soviética que dirigía el país con mano de hierro, estaba compuesta por individuos de la Clase Media estatal creada por la Revolución Proletaria, ya que los proletarios no sabían dirigirse a sí mismos y necesitaban que la famosa Conciencia de Clase les viniera de afuera, como lo critica Herbert Marcuse en su libro “El Marxismo Soviético”.

Se trata pues de una verdadera resurrección del Marxismo lo que estamos viviendo en el mundo entero, pero esta vez conducida por una Clase Media que comienza a salir de su marasmo, y a comportarse como una clase social con conciencia de clase, con metas propias antes que usurpadas o imitadas, aunque todavía algo difusas. Sorprende que aún no se haya creado un Partido de la Clase Media que la reúna y organice, tal como los proletarios se organizaron en torno al poderoso Partido Comunista Internacional, que estuvo a punto de gobernar nuestro planeta entero. Ahora la lucha se plantea, cada vez con mayor claridad, entre una gigantesca clase media de alcance mundial, y un puñado de billonarios, apenas un 1% de la población, que detenta la mayor parte de las riquezas del globo. Quién cree usted que ganará?

Fuente: Revista Caretas N° 2291 (Perú). 11 de julio 2013. 

martes, 21 de mayo de 2013

Cecilia Méndez: "Vivimos en un Estado fundado por Fujimori: el modelo económico y el Estado es el legado de Fujimori".

Cecilia Méndez: “En estos tiempos está mal visto mirar al pasado”




Distribuye su tiempo entre la Universidad de California en Santa Barbara, y Lima. Esta académica es muy activa en las redes sociales y sus opiniones siempre propician debates. Méndez sostiene que la historia da vueltas, que se avanza y se retrocede, y que no necesariamente todo tiempo presente es mejor.
Humala ha gobernado con su “hoja de ruta”, para tranquilidad del empresariado. Ahora que existe la “amenaza” de que el Estado compre Repsol, ¿se reavivan los viejos temores?
En el Perú existe un trauma de la era de Velasco, al que se suman otros eventos latinoamericanos recientes. Es interesante analizar los medios y ver cuáles gritan más. En el caso de El Comercio, el trauma de Velasco es muy claro. Sus ganancias son producto de la venta y los negocios relacionados con su empresa. Les quitan su periódico y son nadie. La oposición de Aldo Mariátegui es sobre todo ideológica, y la de Du Bois pasa por una amenaza a sus negocios.

¿Qué margen tiene un presidente para cambiar situaciones, o está siempre condenado a ser un administrador?
Hasta el momento Humala está administrando. Como historiadora me impresiona que todas las reacciones contra la supuesta amenaza estatista sean muy recientes. Aparte del trauma de Velasco y el del anterior Alan García, ya no se veía eso. En los Estados Unidos también me llamaba la atención que consideraran Estados fuertes a los Estados comunistas, porque para ellos cualquier control de Estado era sinónimo de comunismo.

En el Perú han creado un discurso que repiten como si fuera una verdad científica, cuando ha sido producto de un proceso de enriquecimiento de ciertos sectores en el país. Y las otras clases aspirantes a clase alta y media, que no poseen nada más que sus ilusiones, le hacen eco.
Revisando la historia, ¿recuerdas algún presidente que haya tenido un discurso de campaña y lo haya mantenido luego de llegar al poder?
Billinghurst; por eso le hicieron un golpe y lo sacaron. A mí me parece que Toledo aplicó las medidas que propagandizó. De los últimos, fue el que menos engañó.

Volviendo al gobierno velasquista, todavía no se ha terminado de estudiar su irreversibilidad y su impacto en la sociedad peruana.
Velasco no ha sido olvidado; su presencia se manifiesta como un silencio, como un miedo. Lo que pasa es que muchas veces lo más importante se calla. Las razones verdaderas se silencian. Hay una diferencia entre silenciar y olvidar. Está tan presente que es casi innombrable.

Todos los de la generación del 70 y del 80 están marcados por ese proceso…
Mi infancia y mi adolescencia transcurrieron en tiempos de Velasco. Y lo que estoy trabajando se relaciona con eso. Por ejemplo, Velasco transformó completamente el discurso oficial de la historia poniendo a Túpac Amaru como el héroe principal del Perú.

Hasta ese momento, se conocía poco de él.
Si ven los textos, Túpac Amaru era un pie de página. Velasco no se inventó la historia, porque ya en los años 50-60 empezaba a haber una reivindicación heroica del personaje.

Lo que es impresionante es cómo la historia hegemónica y las narrativas actuales han desaparecido a Túpac Amaru del discurso de la independencia, que se cuenta como si fuera obra de los criollos. Es interesante ver que el héroe oficial se ha convertido en proscrito, a pesar de que todavía existe una pintura de Túpac Amaru en el Palacio de Gobierno, y de que hay una resurrección de su imagen en el ámbito popular.
Así entramos al Bicentenario.
Así, como si lo que pasó antes no tuviera nada que ver. El año pasado se han cumplido 200 años de la rebelión de Huánuco, se viene el aniversario de la rebelión de Pumacahua y la de los hermanos Angulo, que fueron fuertísimas, y amenazaron el sistema colonial. Ambas han sido silenciadas en todas las conmemoraciones oficiales del Bicentenario.

¿Por ser el centro del poder español, nuestra Independencia también fue más complicada?
La Independencia debería entenderse como una guerra civil, porque ocurren las rebeliones de Huánuco en 1812 y la del Cusco en 1814, que son las más fuertes. En Cusco se declara un gobierno independiente que abarcó hasta La Paz, y que fue reprimido por las tropas del virrey Abascal que estaban en Lima y cuyos oficiales eran criollos. Pero cuando llega San Martín esos oficiales se pasan al bando independentista. Santa Cruz, La Mar y Orbegoso estuvieron antes en el lado realista. La República nace de una guerra civil muy violenta que no entendemos como tal, y eso contribuye a que haya una ambigüedad en las lecturas de la Independencia.

¿Cuán fuerte es la idealización de ciertas etapas de la historia?
El imaginario de la historia no ha sido creado por los historiadores sino por los literatos. Si le preguntas a alguien sobre la historia te va a responder con una tradición de Ricardo Palma, que fue un gran idealizador de la Colonia.

En uno de tus ensayos decías que en el siglo XIX había un elemento democratizador más fuerte que el de ahora, y eso rompe con la idea arraigada de que la democracia ha ido avanzando.
Yo creo que los historiadores ya se están dando cuenta de eso. Por ejemplo, la historiadora Gabriela Chiaramonti publicó un libro sobre los procesos electorales. Sostiene que apenas en el año 1895, con la reforma electoral de Piérola, se establece como requisito para ejercer el voto que los ciudadanos sepan leer y escribir. Es paradójico, porque justo cuando se decreta la paz —porque con Piérola termina la última guerra civil del siglo— es cuando la República se instaura con un formato jurídico excluyente. No en vano Basadre llama a ese periodo “la República Aristocrática”. Y por eso en mi libro yo llamo “República Plebeya” al periodo inicial de los caudillos, ya que en ese momento la insurrección era todavía un mecanismo legítimo de la política. Si un caudillo quería contar con el apoyo de la población, no podía ser tan malo ni tan inclemente con los pueblos, porque ellos alimentaban a su ejército. La guerrilla era el método clásico de todas estas guerras y eran estrategias que requerían un conocimiento del terreno y el apoyo de los campesinos.

Lo que yo postulo es que en el siglo XIX las guerras reales eran guerras entre iguales, no de una clase contra otra. Eran grupos que tenían ejércitos muy parecidos. Actualmente vivimos la guerra dentro de la paz, que se caracteriza por propiciar guerras completamente desiguales en las que un grupo tiene mucho más poder que el otro. Estamos en democracia, pero hay guerras que se manifestaron primero en Bagua y ahora en Conga.
Entonces con la democracia y el Estado de derecho se legitima esa desigualdad.
Piérola llega al poder a través de una guerra civil, apoyado por los montoneros, y establece una revolución en el Estado, porque crea el ejército profesional. El que llegó al poder con los montoneros los deslegitima porque establece que es ilegal la posesión de armas por civiles.

La historia da vueltas. La gente gana derechos y los pierde. Nosotros pensamos que antes se vivía en el oscurantismo y que ahora hay más progresismo. Esa idea nos viene del pensamiento ilustrado del siglo XVIII y también está metido en los historiadores. En realidad, la historia hay que reescribirla todita.
Sobre el concepto actual de nacionalismo, ¿es el mismo de los siglos pasados o ha ido variando?
Habría que preguntarse cuándo surge el “ismo”, porque el concepto de Nación existía desde los españoles con otra connotación. El nacionalismo es bastante más contemporáneo. En el siglo XIX no es muy usado, pero en el XX el concepto se fija. Analizando la retórica nacionalista de Velasco hasta el primer García, y la del neoliberalismo, hay una ‘deshistorización’ del discurso nacionalista.

Eso se nota con más fuerza en el gobierno de Fujimori.
Vivimos en un Estado fundado por Fujimori: el modelo económico y el Estado es el legado de Fujimori. Acá tenemos dos hitos: Velasco y Fujimori. No tengo memoria de que en el discurso del fujimorato haya una referencia al pasado peruano. Ésa es una diferencia radical con respecto al velascato, cuando el nacionalismo se basaba en un discurso histórico.
"Actualmente vivimos la guerra dentro de la paz, que se caracteriza por propiciar guerras completamente desiguales en las que un grupo tiene mucho más poder que el otro. Estamos en democracia, pero hay guerras que se manifestaron primero en Bagua y ahora en Conga" - Cecilia Méndez.
¿El verdadero discurso nacionalista ha desaparecido?
Lo que hay es un reavivamiento de los imaginarios, de las identidades imaginadas. Hay una reivindicación de las identidades regionales: la nación aimara, la identidad huanca.

Podría decir que el nacionalismo desapareció con Fujimori, pero no es así. No desaparece así nomás: muta, se transforma, y se vuelve un nacionalismo culinario, turístico, un nacionalismo de Marca Perú. En este marco, la historia viene a ser la cenicienta del liberalismo; la identidad tiene que ver con lo que comes. El escudo ha sido reemplazado por la Marca Perú.
Importa más el presente de “prosperidad y felicidad”.
Sí. Es como si se quisiera anular la historia. Esto es muy peligroso, porque lleva a que la gente crea que el pasado no es importante. El discurso de hoy se basa en varios lenguajes: el de las inversiones, el del tú solo puedes. Y la historia es algo colectivo, nos ayuda a ver lo que somos ahora; pero a nadie le interesa eso, porque creen que todo es maravilloso. En cambio, la historia complejiza, hace ver problemas.

Vivimos la era del ‘historicidio’, porque lo que está pasando es un asesinato de la historia. Está mal visto mirar al pasado. Por ejemplo, se muere un líder como Belaunde o Villanueva y se convierten casi en santos. Y cuando empiezas a escudriñar hechos reales te censuran hasta tus amigos de izquierda. Hasta dentro de la propia Academia, porque en este momento de prosperidad económica, muchos de los que antes eran críticos ahora trabajan para el Gobierno.
¿Qué opinas del auge de la politología? 
El problema que tengo con la politología es que me parece que el razonamiento que hacen sobre la política se cierra en la esfera de los partidos, y se refieren a ella como a un partido de ajedrez: si mueves esta pieza, pasa esto. Alguien me dijo que los politólogos son al neoliberalismo lo que los sociólogos fueron al velascato. Son instrumentales a una cierta manera de ejercer el poder. Hay pocos politólogos que tienen densidad: Alberto Vergara es uno de ellos.

Ellos dicen que el problema del Perú es la ausencia de partidos. Eso es muy superficial. Nosotros hemos tenido partidos; el problema es cómo se ejerce el poder en el Perú y quién lo ejerce. La política tiene que ver con la administración del poder y con el tener más o menos poder en la esfera pública. Y para eso, los partidos son una capa muy superficial, no nos ayudan a entender nada.
Sobre la memoria reciente, no se está avanzando al ritmo que se debiera en justicia y reparación. ¿Tiene que ver con el hecho de que Humala sea militar y que sienta que no se ha tratado con justicia a los militares?
En su discurso como candidato ya decía algo de eso. Además de los cuestionamientos que le hicieron por lo del “caso Madre Mía”.

¿No te tragas el sapo de su inocencia?
Yo quise creer en su inocencia. Eso fue lo que me permitió votar por él. Pero parece que no es tan así.
El trabajo de la memoria tuvo un impulso con el Informe de la Comisión de la Verdad. Se logró incorporarlo a nivel escolar, por ejemplo. ¿Cómo se debería seguir trabajando?
Yo creo que ha habido un hito muy importante, que es la publicación del libro Memorias de un soldado desconocido, de Lurgio Gavilán, que está batiendo récords. En un mes ha vendido 700 ejemplares. Un libro académico no vende eso ni en 20 años, porque las ediciones son de mil.

El Informe de la CVR es muy importante, pero no es intocable. Seguramente hay bastante que añadir y corregir.
Lo que hay es una lucha entre ciertos sectores que participaron en la CVR y que no quieren aceptar ninguna otra versión, y otros sectores que están haciendo estudios de lo que no se dijo en la Comisión, y que cuestionan la dicotomía tan fuerte entre víctimas y victimarios. Por ejemplo, los trabajos de Kimberly Theidon, de Ricardo Caro. Antes no se podía estudiar a un senderista; ahora sí se les está viendo históricamente en su contexto. Y está el grupo Memoria, que fue creado por Carlos Iván Degregori y es autocrítico. Por eso creo que el libo de Lurgio es un punto de quiebre, al punto que lo han valorado tanto VLl como una empleada del hogar a la que se lo regalé. Ha logrado esa aceptación tocando un periodo de la historia que suscita las polarizaciones más fuertes en el Perú.

El libro demuestra que un senderista y un soldado pueden ser víctimas. Él ha descrito a un niño senderista de 12 años sin que le digan terrorista. Si ese libro fuera de lectura obligatoria en los colegios, podría ocasionar una revolución en la memoria de la nueva generación.
¿Por qué la de Sendero Luminoso fue una guerra civil? ¿Cómo defines una guerra civil?
Obviamente fue una insurgencia, pero se le llamaba guerra interna y no hay consenso en torno al nombre de este periodo histórico. La izquierda primero llamó al periodo guerra interna y después conflicto armado interno. Los militares hablan de guerra contrainsurgente. Yo le llamo guerra para no disminuir la intensidad de lo que pasó. Es cierto que no hubo declaratoria formal, pero la mayoría de guerras que han existido en el mundo no se han hecho con declaratoria diplomática de guerra. Eso es algo de las últimas décadas. Lo que pasa es que el Movadef se ha apropiado del término guerra interna para exculpar los crímenes de Sendero.

Para mí la situación más clara de analogía que se puede hacer entre las guerras civiles del XIX y Sendero es que el Estado decide por decreto entregar armas a los civiles en el año 1991, y forma las autodefensas campesinas. Legitima la posesión de armas por entes que no son los militares. Por primera vez desde el gobierno de Piérola, tenemos una situación en la que el Estado delega una de sus facultades.
Pero urge ponerse de acuerdo en el término para que se pueda enseñar ese periodo histórico.
En un texto escolar yo incorporaría el testimonio de las diferentes partes y dejaría que los alumnos piensen en eso. Pero, como ustedes dicen, está este otro jalón que es la historia oficial, donde todo tiene que tener un nombre para que se lo aprendan de memoria.

¿Qué opinas de la pretención de Movadef de inscribirse como partido político?
Yo escribí sobre eso porque me llamaba la atención que todos —izquierda y derecha— se rasgaran las vestiduras, e incluso llegaron a presionar al JNE. No hubo un debate sobre la ley de partidos y la libertad de expresión y de palabra. Hubo un cargamontón mediático y se callaron los constitucionalistas.
Como historiadora siento que es mi responsabilidad conectar los procesos a su origen; por ejemplo, el APRA es un partido que usó técnicas terroristas porque los deslegitimaron. Entonces podías estar creando un monstruo al marginarlos de la legitimidad. ¿Dónde va a existir?

Tú has dicho que los liberales de hoy son menos progresistas que los liberales de la época del guano.
Sí, yo tampoco lo hubiera imaginado, porque la idea es que eran más elitistas. Es al revés. Basta ver la agenda del Partido Civil: la bandera de los liberales era la educación estatal y no la privada. Lo que está pasando es muy reciente y no hay la suficiente distancia para verlo objetivamente. El liberalismo de ahora no es el de antes; prácticamente se quiere disolver el Estado, y a nivel mundial también está desapareciendo el Estado de bienestar.

¿Crees que estamos construyendo una falsa inclusión, una ilusión de igualdad?
En los centros comerciales la inclusión es bien real, porque ha habido una expansión del sistema de crédito. El crecimiento económico es real. Pero ese bienestar tiene su contraparte en lo que pasa en el resto del país, donde crecen las ciudades pero el campo se mantiene casi igual.

Tú que vives en los Estados Unidos, ¿cuáles son las diferencias entre el racismo de allá y el de acá?
En los Estados Unidos piensan que a partir del triunfo de Obama estamos en una situación posracial. Él fue el primer negro que no puso la raza como el punto principal de su discurso político. En ese país las definiciones raciales fueron siempre “eres blanco o negro”. Lo revolucionario en los Estados Unidos ahora es decir “soy mestizo”, reivindicar una identidad marrón. Por eso muchos académicos decían que en América Latina sí existía una democracia racial, porque se identificaba con su mestizaje.

En el Perú es al revés. Aquí nombrar la raza es lo revolucionario. Decir: “Yo soy indio, tú eres blanco” es lo que incomoda. Desde Garcilaso, el mestizaje ha sido una cortina para defender una identidad hispanista. Acá el mestizaje es el status quo, es esconder el racismo.
¿Hay un incremento del racismo?
Sí, que tiene que ver con la inclusión de los sectores económicos que antes estaban fuera, y se nota cuando una persona de los conos va a una discoteca de Larcomar. Eso pasaba en Brasil en los años 60: el racismo se incrementaba a medida que la sociedad se democratizaba. Mi teoría es que el racismo surge en los procesos de democratización y de apertura.

Fuente: Revista Ideele (Web). 18 de mayo del 2013.

domingo, 12 de mayo de 2013

"El capitalismo es un sistema capaz de repeler la crisis y derivarla a los sectores más vulnerables". Erik Wright.

“El capitalismo puede fallar y tener éxito al mismo tiempo”

Erik Wright

Profesor de sociología de la Universidad de Wisconsin, Madison (EE.UU)
La división de las clases sociales en alta, media y baja es una configuración tradicional que para el sociólogo Erik Wright –miembro del denominado marxismo analítico–no se aplica exactamente a lo que ocurre actualmente en la sociedad. Para el Dr. Wright, las clases sociales deben ser analizadas desde las relaciones que hacen dependientes a unas personas de otras. El sociólogo norteamericano estuvo la semana pasada en la PUCP, invitado por el Departamento de Ciencias Sociales, la Maestría en Sociología y la Facultad de Ciencias Sociales.
La manera más común de dividir las clases sociales es en alta, media y baja. ¿Qué configuración tienen para usted?
Es una manera estándar en la que la gente habla de las clases y está bien, pero yo no uso ese concepto. La mayoría de sociólogos no entienden las clases sociales de manera gradual, sino de manera relacional. Es decir, las clases entendidas como las relaciones sociales que unen las vidas de ciertas personas y las hace interdependientes. Un ejemplo que no es relevante hoy en día, pero que podría graficar la relación social de las clases, sería la relación entre un esclavo y su amo. Decir que las diferencias entre un esclavo y su amo es que uno está posicionado más alto que el otro no captura toda la idea de la relación. Sin embargo, tenemos la relación social llamada ‘esclavitud’, y esa une las vidas de los esclavos y sus amos. Uno no puede definir la categoría de ‘esclavo’ sin definir al ‘amo’, y viceversa. Y eso es porque estas posiciones están derivadas de una relación.
¿Qué relaciones se establecen actualmente?
Vivimos en un mundo que tiene bastantes complicaciones a nivel de relaciones sociales, que une a las personas bajo una relación de economía, como dominaciones y subordinaciones de poder, lo que genera diferencias. Una de esas relaciones es que el capitalismo hace que algunas personas controlen la vida de otras mediante la ‘propiedad virtual’ (en el sentido de producción) y que otra  gente tenga sus vidas controladas por las labores que debe realizar para el capitalismo. Eso, hablando de relaciones de clases, no es algo nuevo y siempre ha estado.
¿Por qué actualmente no se habla de clases en ese sentido?
Hace 25 años quizá la gente hablaba de clases en un sentido de relación. Ahora, esta idea  relacional de clases se ha vuelto menos común en parte porque las teorías que fundamentaban el hecho de las relaciones de clases sociales, como el marxismo, se han vuelto menos importantes. Pero también hay otras razones, y es que ahora hay una idea gradual de clase.
¿Cuál es el motivo para que el socialismo no se haya desarrollado?
Una de las razones de por qué no tenemos un socialismo es que no hay movimientos sociales lo suficientemente poderosos para sacarlo a flote. Entonces, la pregunta es por qué no tenemos esos movimientos sociales. Y eso tiene que ver con las instituciones de dominación en una sociedad capitalista, que hacen que sea extremadamente difícil organizar movimientos políticos que presenten ideales de transformación. Cuando los movimientos sociales son formados con diferentes objetivos de transformación, tienden a ser atacados, muchas veces, en forma de represión. Es muy difícil organizar dichos movimientos por el poder de las instituciones dominantes, que logra desarmarlos y marginarlos. Pero aun así, la causa principal de la ‘falla’ del socialismo no es solo la falla de los movimientos sociales, sino la fuerza de los poderes dominantes. Y eso significa que si creen que esa trasformación del capitalismo se debe dar, entonces se debe pensar en nuevas formas de transformarla.
¿Cómo ve el panorama de Sudamérica, donde países como Argentina, Venezuela, Bolivia, entre otros, se han inclinado por modelos afines al socialismo?
Son países en los que el Estado, de alguna manera, se ha involucrado en proyectos sociales, pero el Estado es la fuerza de poder, el líder de estas transformaciones. Prefiero no entender esos procesos como socialistas, sino como estadistas. El Estado encabeza una búsqueda de “justicia social”, pero en realidad no transforma la sociedad ni las instituciones básicas de ella. Una dirección socialista lo definiría como una economía en la que las condiciones básicas de una vida económica estén bajo el control de gente común y corriente organizada en instituciones demócratas. Algunas políticas de estado en Argentina, Bolivia o Venezuela mantienen las posibilidades de una economía demócrata, pero esa no es la causa principal de la mayoría de sus políticas.
¿La crisis económica en Europa y Estados Unidos es un síntoma de que el capitalismo está fracasando?
El capitalismo como sistema puede fallar y tener éxito al mismo tiempo, por eso no creo que esté fracasando en todo el sentido de la palabra. No está colapsando. Es un sistema que es capaz de repeler la crisis que puede llegar a él y derivarla a los sectores más vulnerables, que tienen menores posibilidades de responder ante una crisis, en vez de ser distribuida a la gente con mayor capacidad de lidiar con ella. Esto es parte de mi crítica hacia el capitalismo: que causa mucho dolor en el mundo, y que puede ser eliminado pero no lo es. El capitalismo solo puede ser transformado cuando haya una alternativa que la gente encuentre atractiva y cuando exista una estrategia capaz de construirla.
Fuente: puntoedu.pucp.edu.pe/entrevistas/ 29de abril del 2013.

sábado, 4 de mayo de 2013

La cultura criolla en el Perú.

La gala del criollismo

Por: Daniel Parodi Revoredo (Historiador)
Lima está de fiesta, la canción criolla se viste de gala. Las guapas limeñas lucen su belleza y gracia sin par. Las cuerdas de la guitarra trinan, los criollos corazones vibran. A los alegres sones de la canción popular. Vals, “Acuarela criolla”.
Se nos viene un nuevo Día de la Canción Criolla que de seguro nos traerá,  además de jaranas en callejones, centros musicales y peñas, el pánfilo debate acerca de su peruanidad, su autenticidad y hasta de su “posición política”. La referida polémica es sin duda extraña pues cuestiona una manifestación cultural no en base a criterios estéticos sino ideológicos. Más extrañas aún son algunas afirmaciones que he escuchado como: “el criollismo tomó el poder en la época de Velasco”; “el criollismo es la careta oficial del Estado que posterga a la música andina” y otras más que, por perogrullescas, no voy a reproducir.
Me parece que las ideas anteriores provienen de una lectura bastante trasnochada del Amauta José Carlos Mariátegui, cuya acertada crítica del centralismo limeño fue indistintamente aplicada por sus seguidores a las expresiones culturales limeñas, muchas de ellas de origen más bien popular. Curiosa confusión: aquellos criollos tildados casi de reaccionarios fueron los mismos zapateros, panaderos, tendederos y trabajadores textiles que conquistaron la jornada de las ocho horas en 1919, y Mariátegui los apreciaba mucho.       
La cuestión de Velasco es también exuberante. En los últimos cuarenta años he escuchado y visto diferentes spots publicitarios, algunos de ellos políticos y es común que utilicen tal o cual género musical para difundirse. Este fue el caso de la omnipresente tecnocumbia “El ritmo del chino” en 2000. No me quedan dudas de que las políticas asistenciales que el fujimorismo aplicó a los sectores urbano-marginales le han granjeado una clientela política cautiva, pero de allí a decir que la tecnocumbia es fujimorista hay un paso hacia el abismo de la sinrazón y la ignorancia que no voy a dar.
Es cierto que durante el Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada se difundieron dos bellos valses –“Contigo Perú” e “Y se llama Perú”– como parte de su programa nacionalista. Estas canciones se hicieron tan populares que han trascendido en el tiempo y hasta el día de hoy forman parte de nuestro acervo patriótico. Sin embargo, cabe  recordar que fue también Velasco quien aplicó la Reforma Agraria y convirtió a Túpac Amaru II en precursor indígena de la Independencia y la nación peruanas. Si un régimen en el siglo XX se preocupó por reivindicar lo andino, éste fue el de Velasco. Por ello creo pertinente una reinterpretación del proyecto nacionalista del GRFA, el que apuntó hacia la construcción de una nación plural, mestiza e inclusiva, nutrida por manifestaciones culturales diversas.
En los actuales tiempos, de fragmentación ideológica y globalización, el folclore debe ser visto como parte del amplio repertorio cultural que conforma la identidad del individuo. Lo criollo, lo andino y lo amazónico; el vals, el huaino y la tecnocumbia forman parte de él cuando dicho individuo es peruano. Por lo pronto baste con comprender la cuestión y a ver si este 31 de octubre les permitimos a los seguidores de Felipe Pinglo, Carlos Saco, Pedro Espinel y Pablo Casas jaranearse como es debido, sabedores de continuar una hermosa manifestación de la cultura peruana.
Fuente: Diario La República. 21 de octubre del 2011.

martes, 16 de abril de 2013

Slavoj Zizek: "Nos estamos acercando a una triste sociedad autoritaria, con apartheid, privilegios para algunos y otros males".


El humor del filósofo lacaniano
En esta charla, el pensador esloveno Slavoj Zizek habla de sus orígenes filósoficos y psicoanalíticos, dice que Europa está cerca del autoritarismo si continúa con el estilo Berlusconi y alerta contra el ciudadano que “participa en todo”.

POR HECTOR PAVON
Hay método en su locura... Slavoj Zizek es vehemente y apasionado por la palabra y así se lo percibe en la imagen y la voz que llega a través de una videollamada por la pantalla de la PC. Se encuentra en San Pablo donde presentó un nuevo libro sobre Hegel y va a hablar un poco en esta entrevista del libro que publicó aquí El más sublime de los histéricos (Paidós). Así es su producción intelectual: tiene más de 60 libros escritos que se multiplican y superponen alrededor del mundo en decenas de idiomas. Y eso lo hace feliz: “El mejor momento de vida siempre se relaciona con el último libro de filosofía que escribí”.
-¿Cuál es la lectura que hoy hace de este libro que escribió hace treinta años como tesis, dirigido por Jacques Alan Miller?

-Suelo ser muy crítico. Pero debo admitir que ésta es mi primera obra seria. Preferiría que todos mis libros anteriores fueran quemados. Este es el primer libro que no me disgusta. Lo que más me sorprende es lo poco que he cambiado. No me gusta que haya muchos grandes cambios. Mi último libro que acaba de aparecer en Brasil –de más de 1.000 páginas, Less than nothing– podría tener la tapa del libro del que hablamos. Siempre estoy escribiendo o editando el mismo libro.

-Heidegger, Lacan, Marx y Hegel señalan el origen de su filosofía. ¿Cómo armó esa constelación?

-Tenía 21 años cuando escribí mi primer libro que fue sobre Heidegger y el lenguaje. Había dos grandes orientaciones en Eslovenia: la filosofía oficial, dominante, es decir, el marxismo y la Escuela de Frankfurt. Y la otra, no oficial, la de los heideggerianos. Yo estaba más o menos con ellos, luego explotó el pensamiento francés: Foucault, Lacan, Althusser. Y nuestra joven generación quedó inmediatamente fascinada con ellos, porque este pensamiento francés fue atacado brutalmente por las dos orientaciones en Eslovenia. Y esto nos intrigó: cómo podía ser que los enemigos oficiales, los heideggerianos, y los marxistas, hablasen el mismo idioma contra su enemigo común. Estuvimos oscilando: un poco de Lacan, Derrida, Foucault, Althusser, Deleuze. Y luego nos volvimos lacanianos, pero todo esto fue a través de Hegel. Su universo fue nuestra experiencia formativa.

-¿Conoció en persona a Jacques Lacan?

-Sí. Pero estoy completamente seguro de que él nunca me conoció. Hablé con él dos veces cuando estaba estudiando en París, con Jacques Miller. Conocí a algunas personas que en aquel momento se analizaban con Lacan y que me contaron que estaban seguros de que Lacan, ya senil, ni siquiera los escuchaba mientras se psicoanalizaban con él, que Lacan no sabía quiénes eran. Miller nos presentó, pero estoy convencido de que Lacan no supo quién era yo.

-¿Y hoy está en contacto con Miller?

-Lamentablemente no. Gracias a él comprendí a Lacan. A comienzos de los 80 fui admitido a un seminario suyo. Miller tenía la habilidad mágica de “traducirnos” a Lacan. Creo que a Miller le interesaba más expandir su parte clínica y quería que yo volviese a Eslovenia e iniciase clínicas lacanianas pero yo no quise. Aunque me considero demasiado loco, la sola idea de ser un psicoanalista me parecía una locura. Lo que lamentablemente sucedió es que él se movió hacia la centroderecha liberal y escribe columnas en dos medios de la centroderecha francesa: Le Figaro y Le Point.

-En el documental “Zizek!” usted dice: “no queremos realmente lo que pensamos que deseamos...” 

-Es la lección básica de Lacan. Lo que deseás no es generalmente lo que querés. El tema es que a menudo, cuando obtenés demasiado de lo que pensás que deseás, el resultado puede ser el horror. El psicoanálisis hace algo que puede parecer simple: te confronta sin excusas con lo que efectivamente deseás. Es horrible de asumir. Nuestra posición natural es la hipocresía: deseamos algo pero preferimos no tener lo que queremos. Un ejemplo político brutal: hoy está de moda decir que la gente quiere tener voz, participar en política. No. La mayoría, no. Esto es lo problemático cuando se dice: “Necesitamos una ciudadanía más activa”. Que la gente debe participar en las decisiones, en reuniones, en sus comunidades locales, etcétera. No es así, salvo en situaciones de emergencia, en estos hermosos momentos de revueltas y demás. Pero en el largo plazo, lo que la gente quiere es un orden público, organización estatal, que las cosas funcionen y me permitan hacer bien mi trabajo. No me gusta este casi superyoico terror de ser un ciudadano activo, que participa todo el tiempo. No funciona de ese modo.

-¿Y cuál es el lugar de la ética en este contexto? Algunos plantean que debe ser repensada...

-Los problemas que estamos confrontando no pueden ser respondidos por ningún sistema ético tradicional, antiguo. Tampoco la religión ni la ética secular estándar. Lo que sabemos por la biogenética o las ciencias cognitivas sobre nuestro cerebro es que hay increíbles posibilidades de conexiones cerebrales a computadoras y demás. Se podría cambiar genéticamente nuestros niños, nuestro ADN, no hay reglas claras en esto. Lo más significativo de esta confusión fue que Jürgen Habermas, el más alto representante de la izquierda liberal secular alemana, y el entonces cardenal Joseph Ratzinger escribieron juntos un pequeño volumen contra la amenaza de la biogenética. Ellos, grandes oponentes, bregaban por poner límites. No es una respuesta suficiente. Me parece que vivimos un momento de crisis ética, pero no me refiero a la queja habitual conservadora de la pérdida de valores. Me refiero a que estos valores están en crisis desde sus cimientos. Vivimos tiempos muy abiertos e interesantes.

-Y en el cruce de psicoanálisis y filosofía, ¿qué elige, la vida real o la ficción?

-Según Lacan, a veces la ficción es más real que la vida real. A veces lo que es excluido o reprimido de nuestra realidad se formula más tarde disfrazada de ficción. Por eso me gusta la ciencia ficción porque podemos ubicar cosas que no podemos confrontar directamente en la realidad. Por ejemplo: Lincoln de Spielberg. Una película de la mitología liberal oficial donde Lincoln aparece como el maestro ejecutor de las maniobras necesarias. Pero, antes apareció Lincoln: cazador de vampiros, un filme de terror absolutamente loco en el que se cuenta que los verdaderos enemigos de Lincoln eran los vampiros que apoyaban a la Confederación de estados del Sur, que les proveían la sangre que necesitaban, de los negros y los muertos. Lincoln lo sabía y por eso en la batalla de Gettysburg utilizó balas de plata, porque entre los combatientes sureños había vampiros. Toda la violencia, la lucha para terminar con la esclavitud, llamémosla lucha de clases, está ausente en la película oficialista de Spielberg y se recrea, en una película de ficción.

-Hay una pregunta conocida de Freud: “¿Qué es una mujer?”. Actualicemos esta inquietud por: ¿Qué es un hombre?

-Estoy tentado a decir que la lección más profunda de Lacan es que la mujer está en una posición ontológica más fundamental. Que la subjetividad está en su nivel más fundamental femenino. Y que el hombre es una reacción a la mujer, el hombre viene en segundo lugar. En esto, Lacan dio vuelta la Biblia, que primero habla de Adán y la condena de la diferencia sexual y luego de la mujer. El hombre viene en segundo lugar, es una especie de ello para la mujer. Porque, otra vez, esta inconsistencia pura de ser sujeto del orden simbólico, que Lacan habría llamado “el no-todo”. El hombre, entonces, es un intento a través de un significante fálico para totalizar esto, y así sucesivamente. Hace poco leí un libro sobre Corea del Norte donde la autora demuestra cómo el régimen norcoreano no sería un régimen autoritario machista sino que es profundamente no feminista, pero sí maternal donde la propaganda del partido es la de una madre de masas, todas las metáforas del poder son maternales. Hay canciones que dicen cosas como que el partido es la madre de la gente y que la gente sólo podrá sobrevivir si toman la leche del partido madre: “nunca abandonaremos tu seno materno, madre partido”.

-Ha asustado a los europeos cuando escribió: “El futuro de la democracia es Berlusconi...” 

-Exageré un poco pero señalé algo muy triste. Sólo Europa y un poco EE.UU. se encuentran en crisis; América Latina está progresando rápidamente; Africa subsahariana está progresando; Malasia; Polonia. China, Singapur, Taiwán, tienen un progreso explosivo. En todo el planeta, al capitalismo le está yendo mejor que nunca. ¿Pero qué es lo que está en crisis? El matrimonio interno entre el capitalismo y democracia se está desintegrando. Lo que está apareciendo hoy es una nueva forma de capitalismo, pero que ya no necesita a la democracia en el sentido europeo. Fijate en China: los viejos comunistas totalitarios hoy parecen ser los mejores administradores del nuevo capitalismo. Y, lo de Berlusconi fue una señal de cómo, lento pero seguro, la misma tendencia autoritaria, aunque se mantenga la democracia, la misma irrelevancia gradual de la democracia está creciendo también en algunos países de Europa. Si entráramos en un mundo que deje de ser ideológicamente europeo, entonces quizá tengamos una sociedad mucho más autoritaria.

-Usted criticó movimientos como “Occupy Wall Street”. ¿Le parece posible que surja algo nuevo de esta crisis?

-Sí, claro. Hasta escribí un libro The year of dreaming dangerously. Estuve, por supuesto, a favor de “Occupy Wall Street”, pero enfaticé que era un gesto negativo. La importancia de “Occupy, Wall Street” fue que mostraban que había algo mal más allá de nuestro sistema económico. Y, además, la democracia en su forma actual, la democracia multipartidaria institucional no es suficiente para lidiar con estos problemas. Lo principal es que al menos en algunos países europeos hay situaciones protorrevolucionarias. Sin embargo, no hay movimiento que podría redireccionar esta profunda y agresiva insatisfacción hacia una dirección política mínimamente positiva. Si se les pregunta a los manifestantes qué es lo que quieren, todo lo que recibís como respuesta es “queremos más dinero para salvar a la gente, más gente que ahorre dinero, más justicia, una vida digna”. Pero si les preguntás a los manifestantes: “Ok, pero ¿qué quieren, más específicamente? ¿Un capitalismo más keynesiano? ¿Más moderno?, inmediatamente recibís respuestas confusas. Me parece que el verdadero perdedor en esta crisis es la izquierda radical. En Grecia hay un movimiento griego muy bien organizado, ¿qué ocurre si ganan las próximas elecciones? La mayoría quiere formar un gobierno de coalición nacional aun con gente cercana a la democracia para salvar al país. La mayoría persigue esta línea pura de no compromiso. Entonces el problema subsiste. El problema de la izquierda que simplemente no puede formular un gran proyecto. Ahora bien, por supuesto, la respuesta obvia habría sido “Quizás no podemos formular semejante proyecto. Tal vez debamos seguir modestos, pragmáticos y realistas, y simplemente tratar de cambiar el sistema gradualmente: más cuidado de la salud, más política ambiental, y demás”. Por otro lado, China, India y otros países continúen desarrollándose así, la humanidad entera no puede convertirse en consumidora como los países altamente desarrollados. Hay un límite ecológico. El capital trata desesperadamente de encontrar formas de prolongar esta etapa de lo privado, por no hablar de nuevas formas de apartheid, de los problemas que plantea la biogenética. Por eso, si no hacemos algo, si no hay una suerte de acción colectiva, pienso que, si las cosas siguen igual que ahora, nos estaremos acercando a una triste sociedad autoritaria, con apartheid, privilegios para algunos y otros males.

-¿Los filósofos tienen humor?

-Pienso que todos los filósofos dialécticos saben cómo tener humor. Hegel está lleno de bromas, hasta de bromas cínicas, si se quiere. Heidegger es un caso interesante porque es el único filósofo en cuya obra entera no encontrás ni una sola broma. Conozco a Heidegger muy bien, pero, para asegurarme, suelo preguntarles a amigos míos que son heideggerianos fanáticos si recuerdan algún chiste. Y aquí viene la ironía. El único lugar que conozco donde Heidegger formula algo como una broma es en una carta a un psiquiatra suizo que lo estaba tratando, Medard Boss. En esa carta, Heidegger le informa a su amigo suizo sobre su visita a Lacan a fines de los años 50. Y dice que Lacan le parecía un buen psiquiatra que a su vez... necesitaba de un buen psiquiatra. Es el único comentario irónico que le conozco a Heidegger.

Fuente: Diario Clarín, Revista Ñ. 16 de abril del 2013

sábado, 13 de abril de 2013

Discurso y Racismo. Teun Van Dijk: "Los responsables de estos discursos pueden resumirse en tres P: políticos, profesores y periodistas".


'Se aprende a ser racista y a ser antirracista': Teun Van Dijk

Van Dijk

Este reconocido lingüista holandés, llegó al país como invitado al congreso de Análisis del Discurso

El holandés Teun Van Dijk es uno de los lingüistas más reconocidos en el mundo por estudios y análisis sobre el discurso. Desde hace 30 años, centró sus investigaciones en determinar cómo las palabras promueven, de forma consciente o inconsciente, la violencia, la discriminación y la desigualdad.
"Estudio el discurso del racismo como sistema de dominación", afirma Van Dijk, que está en Colombia como invitado al congreso de la Asociación Latinoamericana de Análisis del Discurso, Alad (que él cofundó hace 16 años), y a inaugurar el doctorado de Educación y Sociedad en la Universidad de la Salle.
Van Dijk ha analizado el tema tanto en Europa como en países latinoamericanos, tanto que uno de sus libros lleva como título Discurso y racismo en América Latina. En este caso habla de la situación de exclusión de grupos indígenas y afrodescendientes.
Usted plantea que el racismo se reproduce principalmente mediante las élites...
Si buscamos la responsabilidad primera, vamos a encontrarla en las élites, en efecto. El racismo no es innato. Nadie nace siendo racista. Se aprende a serlo mediante el discurso, primero el que recibes de los padres, luego el que lees en los libros de texto, después en la televisión, y luego en los discursos públicos, de los políticos. Los responsables de estos discursos pueden resumirse en tres P: políticos, profesores y periodistas. Son ellos quienes tienen el control del discurso y, desde esa posición, exageran las diferencias entre nosotros. Pueden hacerlo por medio de una discriminación abierta -no dejar entrar a tu barrio, a tu oficina, a tu tienda, a tu país a quien es diferente- y una discriminación no visible, cuando las diferencias están en tu mente y de forma normal asociamos lo negativo con otros y lo positivo con nosotros.
¿Se trata siempre de una conducta intencional?
No necesariamente. La gente a veces ni siquiera se da cuenta. Entonces se pregunta: "¿yo, racista?". Pero si observas los diarios ves que hay 100 artículos sobre indígenas o afrolatinos, por ejemplo, y todos tratan de temas negativos. Es algo que ya forma parte de la cultura. Muchos hombres también son machistas sin darse cuenta. Por eso la sociedad necesita des-aprender este comportamiento. No va a cambiar de forma espontánea. Con el racismo explícito es más fácil, porque es más reconocible. De hecho, hay leyes contra la discriminación en todos los países; en Colombia está la Constitución del 91. Pero luchar contra lo implícito es más complicado. De acuerdo, contratas a un negro en tu empresa. Pero ¿y si luego no cooperas con él en el trabajo? ¿Eso cómo lo controlas?
¿Cuáles son las estrategias de discriminación que ve con más frecuencia en los textos?
La más sencilla: enfatizar lo positivo de nosotros -los blancos, los modernos, los buenos- y lo negativo de las minorías. En los discursos de los diarios puedes ver las imágenes que utilizan, qué citan, a quién entrevistan, a quién no le dan la palabra. Cuando hay un conflicto ético en el país, por ejemplo, ¿a quién le van a preguntar primero? ¿A los líderes de las minorías? No. Van a hablar otra vez con el alcalde o el presidente o el abogado blanco.
Habla del uso de las metáforas como algo recurrente.
Las metáforas son muy típicas. Una pregunta: ¿cómo llegan los inmigrantes a España? ¿En avión? ¿En barco? No. Ellos vienen "en olas". Siempre vienen en olas. Así los describen. Es una metáfora muy fuerte porque de inmediato evoca avalancha, una idea negativa. Sientes ahogarte en los inmigrantes. Lo mismo sucede con la ola de delincuencia que se lee en América Latina. Cada palabra provoca una comunicación emocional que debe tenerse muy en cuenta.
¿Tendría que pensarse, según usted, en un cambio desde los libros escolares?
Tiene que ser desde ahí, porque en los libros infantiles ya están inmersos estos conceptos. En esos libros, los héroes son los chicos y no las chicas. Y los chicos blancos. De pronto aparece un amigo de color o un indígena, pero nunca es el protagonista. La representación de la minoría es nula. En los libros de texto de las escuelas se habla de que los indígenas eran grandes guerreros. Eran. Pero ahora son salvajes e, incluso, terroristas porque están ocupando tierras, sus propias tierras, por cierto. En estos textos empieza el énfasis que planteo: lo bueno de nosotros y lo malo de otros.
De acuerdo con sus estudios, ¿se debate lo suficiente sobre racismo y exclusión?
De racismo no se habla. Es casi imposible. Doy un ejemplo: hace poco hice un análisis del diario El País, de España. Sumé cuatro mil artículos referentes a racismo, pero todos hablaban de otro país. Nada sobre España. Solo uno se refería al racismo español, pero la mitad del texto era negándolo. Esto es grave, porque de la misma manera que se aprende a ser racista, se aprende a ser antirracista. Pero sin hablar es imposible.
¿Ha visto avances en el discurso sexista?
Es un hecho que el feminismo de los años 60 cambió mucho el discurso sexista, lo hizo más diverso y más inclusivo. Ha cambiado, aunque no está aún en un estado perfecto. Es cierto que hay presidentas en varios países latinoamericanos, por ejemplo, pero eso no quiere decir que las mujeres de esos países tengan poder.
¿Y el discurso sobre la comunidad homosexual?
No es un tema en el que me haya centrado. Pero la discriminación funciona de igual forma y a veces peor. Si una minoría se combina con otra -sexualidad diferente en este caso- es mucho más complicado. Una mujer negra y homosexual, por ejemplo. Pero, en general, las estructuras de discriminación son las mismas. Sus análisis hablan de la importancia del contexto.
Es indispensable analizar el discurso completo. La interpretación siempre va a depender del contexto. Tú puedes decir las mismas palabras, pero con intenciones diferentes.
Un discurso tiene la fuerza de unir o desunir...
Totalmente. Por eso en mis investigaciones hablo del discurso como forma de inclusión o de exclusión en la sociedad. El racismo es la exclusión de las minorías. Está lo explícito -el policía que en la frontera no te deja entrar o te controla de más-, pero está el discurso, también. El no darte la palabra, no pedirte la opinión, no hablar sobre tus problemas o minimizarlos. Como un discurso desune, puede unir. El feminismo es un ejemplo: fue posible gracias a la solidaridad de las mujeres.
Es importante para la paz.
Hablar es la manera más importante de hacer la paz, aunque muchas veces también es la condición de hacer la guerra. Grandes matanzas de la historia han sido causadas por discursos. La matanza masiva de los judíos empezó con una preparación de la mente mediante el discurso. Todas las formas concretas de discriminación -no dar trabajo, no dejar entrar en tu familia, casa, barrio, club- se preparan primero con palabras. Porque tú solo puedes excluir cuando antes tienes una idea de que otro es diferente. El discurso es muy poderoso y la gente no se da cuenta de su poder . Por un lado, es la forma de interacción entre las personas y, por otro, es fundamental en la creación de los modelos y los esquemas mentales.
Se supone, además, que mantener el racismo favorece a las élites de las que usted habla...
El racismo es un sistema de dominación, y obviamente la dominación tiene grandes ventajas. Si los hombres no quieren a las mujeres en sus empresas, es porque pretenden mantener en sus manos el control, los mejores sueldos, las mejores posiciones. Lo mismo sucede si no dejas entrar a determinados grupos en tu país. Todo tiene que ver con intereses socioeconómicos. Las élites no quieren compartir el poder. Lo que he descubierto en mis análisis de textos es que la prensa de izquierda -que antes se alejaba de los discursos de exclusión- es la que actualmente más critica las cuotas de gente negra, de mujeres y de minorías. El discurso que antes pertenecía explícitamente a los grupos considerados de extrema derecha ahora se repite en todos los partidos políticos. Es algo que veo en mis estudios.
¿Conoce casos en los que ha logrado modificarse este comportamiento?
Claro. El ejemplo del discurso feminista esta ahí y tiene influencia en muchas áreas de la sociedad. Con el racismo hay muchos menos casos, incluso en países donde las minorías son casi mayorías, como en Brasil. Pero siento que si enseñamos sobre el tema (que es lo que yo hago) hay una posibilidad de ir desarrollando un discurso antirracista, de que la próxima generación de periodistas a los que damos clases sepa lo que es racismo en la prensa. Es un comportamiento de siglos y aprender lo contrario exige paciencia. Es un proceso muy lento. Se trata de cambiar la cultura y la mente de la gente, no es una cosa que se solucione con una ley. El discurso oficial puede incluso no ser no racista, pero eso no querrá decir que haya cambios en la calle.
María Paulina Ortiz
Redacción EL TIEMPO.
26 de septiembre del 2012.